TIRAR DE LA MANTA

En el siglo XVI, en España aún podíamos disfrutar del gratificante deporte de pegar fuego a los judíos en las plazas públicas.

Digo “aún”, porque tras el edicto de Los Reyes Católicos (1942), en el que se invitaba a los judíos a salir de España o transformarse en Jabón Lagarto, lo cierto es que quedaban pocos Marranos* con los que amenizar los Domingos a la salida de misa, haciendo lo que hoy vulgarmente se conoce como un “José Bretón”.

Sin en cambio, un pequeño número de Judíos, decidió quedarse en España (Por razones ignotas), convirtiéndose al Cristianismo.

A este grupo de cobardes, gallinas, capitán de las sardinas se les llamó: “Conversos”.

Como es obvio, la Iglesia fichó a todos y cada uno de estos rajaos, e informó a los párrocos de pueblos donde residían de su origen herético.

Un Judío Ninja intenta robar la Manta de la Iglesia del Santo Niño de Bárcenas.

Un Judío Ninja intenta robar la Manta de la Iglesia del Santo Niño de Bárcenas.

De este modo, en cada Iglesia, se dispuso un tapiz (Manta) enrollado, que contenía los nombres y apellidos de los Judíos conversos de la localidad y de los sospechosos de seguir realizando practicas semitas en la intimidad (No comer cerdo, hablar catalán, llevar la gorrita esa tan cuqui…).

Así, como que no quiere la cosa, la Iglesia mantenía acojonada a la población Conversa amenazando con hacer públicos sus nombres “Tirando de la manta”.

Y este, amiguitos, es el origen de tan popular y actual dicho castellano.

El libro gordo te enseña, el libro Gordo entretiene, y yo te digo contento, que soy chico porque tengo pene”.

*Marrano: Adjetivo descalificativo que se aplicaba a los Judíos conversos, por su reticencia a comer productos cerdícolas.

Por: Shur Jesee

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