CINE COREANO

CINE COREANO

Año 1978.

El mundo vivía tiempos convulsos. A lo largo de la década el Watergate, el conflicto arabe-israelí y los primeros síntomas de la desintegración del Bloque Soviético con el alejamiento de Rusia de la China Comunista, sentaban las bases de lo que sería el futuro del planeta.

Shin Sang-okEn Corea del Sur la carrera del director de cine Shin Sang-ok se vio truncada en aquel año 1978 con el cierre de su productora Shin Films. Shin Sang-ok, bautizado como “El Orson Welles surcoreano” o “Príncipe del Cine Coreano” había iniciado su carrera con notable éxito en el año 1952 con su primera película “Akya“, a partir de la cual desarrollaría una prolífica carrera como director y productor con más de 300  títulos en su haber. En muchas de estas películas las labores de producción corrían a cargo de su mujer, Choi Eun-hee, una actriz surcoreana con la que compartió sus años dorados y, como veremos en breve, sus momentos más oscuros. Estos amargos momentos dieron comienzo con el ascenso al poder mediante un golpe de estado militar de Park Chung-hee, a la sazón Presidente de la República, y que ejerceríó desde el primer momento una durísima censura sobre el cine y otras formas de expresión artística.

De la noche a la mañana el director surcoreano vió defenestrada su imagen ante sus compatriotas y víctima de las presiones, su matrimonio vió tambien su fin ese mismo año, a pesar de lo cual Shin y Choi mantuvieron unas buenas relaciones. A finales del año 1978 y en una conversación entre ambos, la actriz le comunicó a Shin Shang-ok su intención de viajar a Hong Kong donde unos productores de la vecina Corea del Norte querían estudiar la posibilidad de comenzar la producción de una serie de películas que revitalizaran su maltrecha industria cinematográfica, viaje que no se hizo esperar y tras el que la actriz desapareció misteriosamente.

Días después de la desaparición, Shin Sang-okCartel original de la película: "Pulgasari" recibió una serie de informaciones de las que dedujo que su anterior pareja había sido secuestrada y sabiendo inútil cualquier petición al Gobierno de su país, decidió viajar a Hong Kong con el animo de liberar a Choi. Una vez llegado a su destino, Shin Sang-ok desapareció igual que su ex-mujer para reaparecer junto a ella al poco tiempo en la vecina Corea del Norte, donde la propaganda gubernamental afirmaba que el director y la actriz habían querido sumarse a las filas del partido comunista que detentaba el poder.

Pero la realidad era bien distinta a ese cambio de bando que el régimen norcoreano quiso vender al resto del mundo. Tras las desapariciones y frente al Ministerio de Cultura estaba el recientemente fallecido Kim Jong-il, quién, confeso cinéfago, tenía como obsesiva determinación el lanzar la industria del cine norcoreano a través de la producción de películas de alcance internacional. Kim Jong-il había ido ascendiendo en la jerarquía del gobierno y del partido gracias principalmente a que podía llamar “papá” a  aquel que era el Dictador de turno y fruto de ese ascenso había alcanzado en el año 1970 el cargo de Ministro de Educación. Sus credenciales para dicho cargo eran haber escrito, según la biografía oficial, un total de 1.500 libros durante su época de estudiante. Amante de las películas de Bond, de Elizabeth Taylor y con una colección de cerca de 20.000 películas, Kim Jong-il publicó en el año 1973 el que sería su libro número 15.001 “Sobre el arte del cine“, un extenso manual en el que el futuro dictador reflexionaba en profundidad sobre las técnicas cinematográficas. Fruto de aquellas reflexiones, Kim había llegado a la conclusión de que ninguno de los realizadores que había en su país podían ayudarle en la titánica tarea de llevar al éxito una película norcoreana con la que mostrar las excelencias de su país, razón por lo que decidió hacerse con los servicios del director surcoreano para lo cual se sirvió del servicio secreto, de un par de litros de cloroformo y de la inocencia de algunas mujeres. En un principio Shin se negó en redondo a servir a los intereses de una dictadura comunista pero eso fue hasta que el Ministro de Cultura le dio otra perspectiva del67-hong-kil-dong_1986_hong-kil-dong_46493786 asunto enviándole a un campo de concentración donde el malogrado director se vio en la necesidad de comer raíces y plantas para sobrevivir. Finalmente Shin se terminó plegando a los deseos de Kim (con estos nombres es dificil que la historia parezca seria) y comenzó una, cuanto menos, extraña relación creativa, fruto de la cual verían la luz un total de siete películas, todas ellas producidas y escritas por el cinefilo dictador. De estas siete películas la última fue “Pulgasari“, vehículo propagandístico del régimen norcoreano para el que Kim Jong-il no dudo en fusilar las películas de Godzilla y que ha terminado convirtiéndose en una película de culto en Corea del Norte. Normal, si tenemos en cuenta que a su productor y guionista la gente le llamaba “Amado líder” so pena de ser fusilado al amanecer.

LA PElÍCULA COMPLETA.

Por : Shur Carlos.

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