POR AHÍ VIENE EL GILIPOLLAS!

Existe en Madrid, en pleno centro, junto a la Ronda de Segovia, una calle que se llama Gil Imón.

Esta vía debe su nombre al que fuera fiscal del Consejo de Hacienda durante el reinado  de Felipe II.

El tal Imón, tenía por costumbre acudir a  las  fiestas a las que era invitado en compañía de sus  tres hijas, con el fin de buscarles un marido que les procurara un futuro estable.

Se dice que las chicas debían de ser oriundas de Mordor Oeste, porque jamás, ni una sola vez, fueron centro de interés, o atención por los galanes de la época. Por demás, parece ser que tampoco disponían de un intelecto demasiado estimulado, por lo que, además de feas como una nevera por detrás, debían de ser mas tontas que el asa de un cubo.

A fuerza de perseverar en el intento de casar a esos infraseres, los asistentes a las fiestas comenzaron a guasearse del hombre, anunciando a gritos su llegada: “Ahí viene el Gil y las Pollas!” (“Polla” es el nombre que se daba a las muchachas en aquella época).

A fuerza de uso, la frase terminó derivando en los mentideros de la Villa en una sola palabra: Gilipollas. Con la cual el pueblo definía a cualquier persona con menos luces que la habitación de un topo.

Por: Shur Jesee

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