ESTEBAN REY

Bienvenido seas de nuevo, visitante del futuro.

Ponte esto mientras lees, del mismo modo que yo lo tengo puesto mientras lo escribo. Disfrutarás más del viaje.

Llevas un tiempo sumergido en nuestro archivo, y has ido percatándote, poco a poco, de que en nuestro mundo quedaban cosas que Molaban y merecían ser salvadas.

Pero también hay gente.

Ya has conocido a algunos.

Voy a tratar de presentarte a otro.

Pero en este caso no sólo te lo voy a mostrar a través de su ingente obra, su gran versatilidad o su enfermiza visión del mundo.

En esta ocasión toca hablar de LA PERSONA.

Aun sin saberlo, Stephen King (o el Tito Esteban Rey, en adelante) fue uno de los Shur fundadores de la Sociedad Supersecreta.

Elaboró buena parte del corpus ideológico y la práctica totalidad del Panteón de este humilde arcón en el que vamos incluyendo equipaje.

El tito Esteban nació hace un porrón de años en Los Estados Juntitos de Yankilandia. En la punta de arriba de la derecha, donde hace un frío del carajo en invierno, y una humedad que te cagas en verano.

El cabrón de su padre abandonó a la familia cuando Esteban no contaba 3 deditos en la mano derecha, así que la vieja tuvo que batirse el cobre en curros de mierda para poder tirar de sus dos hijos.

Se movieron por varios pueblachos meriquéins de mala muerte (los mismos que salen en las pelis de carretera) para acabar, como siempre pasa en estos casos, en el terruño de origen de la madre.

Como buen (y algo sádico) adolescente, escribía mierdas en la máquina de su hermano David, y luego se las vendía a los colegas. Pero eso no molaba, y tuvo que devolver toda la pasta porque a los putos profes les parecía una estafa (quién pillase ahora uno de esos relatos!)

Dada su fascinación por la lectura, decidió ir a la Universidad a estudiar una carrera de esas de Perroflautas, y se licenció en Lengua Inglesa.

Por aquel entonces conoció, se folló y luego se casó con la que hasta hoy es su compañera de correrías, la Tabi.

Pero también tuvo tiempo de meterse de todo. Amén de beberse hasta las copas de los árboles y el agua de los floreros, le daba a la harina colombiana, a las pastis sin receta y al pegamento de contacto. Todo muy cuqui para la década de los 70.

Malvivían en un remolque mientras Esteban, en los ratos de escasa lucidez, impartía clases como profesor sustituto en varias escuelas.

La cosa no acababa de ir bien. Cobraba una mierda, y sus relatos sólo los publicaban revistas de las de hacerse pajas. Sí, esas que todo el mundo compra por los artículos “superinteresantes”.

Tan hasta el nabo estaba que tiró a la basura el manuscrito de una novela que llevaba dando vueltas un tiempo.

La Tabi, como buena mujer, le dijo “Estamos pa andar tirando nada, gañán”, y rescató el taco de folios del cubo con el fin de poder calentarse en las duras noches de invierno de Nueva Inglaterra.

Así que, como no tenía nada más interesante que hacer mientras cagaba, lo leyó.

En resumidas cuentas, aquel montón de papelajos arrugados y sucios era Carrie.

Ese es el tito Esteban.

Vale, en los 90 se desintoxicó.

Bueno, ha escrito mucha mierda.

Perfecto, puede ser considerado un escritor poco serio y ligero, dirigido a las grandes masas y sin pretensiones.

Y POR ESO MOLA!

Yo, personalmente, he leído libros. Muchos. Quizás demasiados. Y me sigo cagando en los pantalones cuando me sumerjo en Apocalipsis, It o Cujo.

Pero es que el cabrón sigue escribiendo de puta madre! No ha perdido un ápice de frescura en sus detalladísimas descripciones (que no extensas, ojo). Me sigue fascinando la facilidad que tiene para crear espacios en los que te encuentras a gusto pero no, que puedes reconocer como habituales pero que jamás te habías planteado que podían ser tan lúgubres o sórdidos. Sus personajes secundarios le dan mil vueltas a la mayoría de los protagonistas de otros escribidores. Y, si esto fuera poco, publica a una velocidad que te cagas. Ya lleva más de 60 obras en menos de 40 años.

Pero hete aquí que a finales de los 90, uno de estos curiosos secundarios de sus cuentos, le pasó por encima con su camioneta vieja mientras le hacía monerías al perro que llevaba en el asiento de atrás.

Casi se acaba la historia del tito Esteban antes de que nos contase el final.

Y eso sirvió para darle un giro a su estilo, su temática y a la manera de ver el mundo a través de sus siempre minúsculas gafas.

Por aquel entonces estaba dejando reposar un ensayo sobre su manera de narrar, “Mientras Escribo”.

Todo aquel que quiera dedicarse a juntar letras debería tatuarse el contenido de ese libro al completo en el coco.

Es la perfecta combinación de recursos, consejos, anécdotas y técnicas para sentarte frente a un folio en blanco y comenzar a vomitar palabras.

En serio.

Es obligado que lo leas.

Si quieres el enlace, contacta con nosotros por mail y te pasamos una “copia de seguridad”.

Sirva como ejemplo de la personalidad del tito Esteban una movida de risas que le pasó con su hijo Owen:

La familia Rey iba de viaje en coche, en plan “nos vamos a Torrevieja todos en un 600”, pero en Yankilandia.

Ahí las carreteras son más rectas y las distancias son largas de cojones.

Esteban iba concentrado conduciendo mientras la Tabi trataba de entretener a los críos con las típicas cancioncitas de viajes.

En un momento determinado, uno de los chicos le retó:

-Papa, cuéntame una historia de miedo. Pero que asuste de verdad, no eso que escribes.

Pues nada.

Ni palabra.

Pero el cabronazo iba rumiándolo por dentro.

Pasadas un par de horas, el tito Esteban le dice al chico:

-Owen, ves esa casa de ahí?

-Claro

-Pues de ahí te rescatamos cuando eras un bebé. Ya eres lo suficientemente mayor como para que sepas la verdad. Tus verdaderos padres murieron víctimas de un robo que se les fue de las manos a los rateros. O al menos eso fue lo que dijo la policía, porque para varios vecinos, había demasiada sangre en el salón como para que aquello hubiese sido una simple ida de pinza de un yonki con el mono.

El puto nene se puso a berrear como un condenado a muerte y se meó en los pantalones.

Después de consolarle y comprarle un Fanta en una máquina de gasolinera, Esteban le dijo:

-Qué? Te ha asustado mi historia o no?

blood

ES DIOS O NO ES DIOS?

Para los que le critican solo les digo: HAZLO TU, SI TIENES TALENTO!

No ha nacido ente de dos patas capaz de vender tantos libros, ganar Oscars por sus adaptaciones, firmar un contrato con Marvel para hacer cómics, aparecer haciendo cameos en varias series y pelis, seguir publicando obras cojonudas y aun así, mantener una estrechísima relación de cercanía con todos sus “lectores constantes” a los que ve como “amigos y vecinos”.

Yo he crecido en la Meseta Castellana.

Pero también en Maine.

He besado a chicas en Derry, me he ensuciado los vaqueros en Los Barrens, maté a vampiros, sufrí en persecuciones, descubrí que tenía poderes mentales, me cagué de miedo con los perros, los coches, los teléfonos móviles y las máquinas de escribir.

He visto el Fin del Mundo y El Principio de Todo.

Sé qué cara tiene El Miedo.

Sé cuánta hambre puede pasar un náufrago, y que con un poco de coca a mano, uno se puede amputar partes de su cuerpo para alimentarse.

Todo gracias al tito Esteban Rey.

El Señor Stephen King (los dioses le guarden muchos, muchos, muchos años para que siga regalándonos horas de inmenso placer).

Anuncios