LAS ROCAS REPTANTES DEL VALLE DE LA MUERTE

Si hablamos de Misterios con mayúsculas, que duda cabe de que el que se lleva el Oscar a esta categoría son las rocas reptantes del Valle de la Muerte. Ni qué decir tiene que con este título es bastante difícil mantener la intriga ya que como su propio nombre indica este misterio se refiere a unas rocas que reptan allá en el Valle de la Muerte, dejando tras de sí una estela en la tierra. Antes de seguir quiero hacer notar que allá en EEUU sí que tienen gusto para poner nombre a sus accidentes geográficos y no en España. Si no me crees compara la reacción de tus amigos si les dices que te vas al Valle de la Muerte (imposible ser mas acojonador) con decirles que te vas al Valle de Arán. Desde aquí un saludo a todos los ilerdenses.

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Situado en el sureste de California, el Valle de la Muerte es probablemente, el lugar más arido y caluroso del planeta Tierra a pesar de lo cual las temperaturas descienden de los 0 grados cuando cae el sol. Dentro del Parque Nacional al que da nombre se encuentra el llamado Racetrack Playa, un lago seco situado a 1130 metros sobre el nivel del mar donde se hallan estas extrañas rocas que se mueven dejando tras de sí un rastro de movimiento que da fe de este último. (Creedme si os digo que me está costando una barbaridad ser misterioso). Desde que en el Valle de la Muerte hace un calor tan de la hostia que hasta las rocas se mueven para largarse de allí, hasta espíritus de guerreros indios atrapados en estas rocas (e intentando marcharse del Valle de la Muerte por el calorazo que hace), muchas han sido las teorías que se han barajado para dar explicación a este fenómeno. Algunas personas a las que sólo se pueden calificar de “lumbreras” han llegado a robar piedras del Racetrack para ver si se mueven también en su casa. En España se investiga poco porque no hay fondos para el estudio y los pocos que hay se lo gastan los Gobiernos en cosas que sí requerirían investigación aunque ésta de tipo policial.

En EEUU no pasa eso. Allí además de saber dar a sus accidentes geográficos unos nombres que molan un montón, si algo les llama la atención se monta un equipo de estudio compuesto por un montón de científicos e investigadores (algunos de ellos de Harvard) y se ponen al tema… por muy absurdo que sea el tema y por mucho que esa pasta se pudiera dedicar a algo que importa de verdad. Desde que en 1948 hiciesen su primera investigación en el Valle de la Muerte un par de geólogos del Servicio Geológico de los EEUU, han pasado por aquellas resecas tierras un total de 4 grupos de estudio. Ya os adelanto que ninguno obtuvo resultados concluyentes. En 1970 geologos del Instituto Tecnologico de California (más conocido como CalTech) y de la Universidad del mismo Estado pusieron nombre a cada uno de los especímenes de piedra que estaban estudiando… A día de hoy todavía no se sabe si hicieron aquello como método para identifcarlas o por el enorme coñazo que les resultaba su investigación. Otra de las genialidades de aquellos investigadores fue plantar estacas alrededor de cada piedra. Intentaban demostrar que el hielo era el causante o mejor dicho, el que propiciaba el movimiento, pero una vez más las piedras se salieron con la suya y traspasaron el cercado como si de ganado salvaje se tratase. Desde 1987 hasta 1994 un profesor de la Universidad de Hampshire se llevó durante cada verano a un grupo de estudiantes para investigar estos cantos rodados (¿nacería la expresión de estas piedras?). Sus conclusiones fueron firmes y en principio irrefutables: las rocas se movían gracias a una combinación de fuertes vientos y placas de hielo producidas por la noche, algo que se demostraba por el movimiento paralelo de las piedras. El profesor Reid ya estaba recogiendo los réditos de su investigación de siete años (que se dice pronto) cuando llegó otra profesora universitaria, ésta con gafas más gruesas y un equipo mejor, y dijo que lo del movimiento paralelo era falso como demostraban las lecturas del GPS que había utilizado.

death_3_bg_082303Y vuelta a empezar.

En el año 2011 un tipo llamado Ralph Lorenz llegó al Valle de la Muerte como parte de un proyecto de la NASA sobre las condiciones climáticas en Marte. Como el encargo tampoco era muy apasionante y le sobraba bastante tiempo, Lorenz se puso a investigar el asunto de las rocas llegando finalmente a una solución que es casi tan coñazo como el misterio en sí: cuando llueve en el Valle de la Muerte, algo que no creo que pase muy a menudo, la superficie del Racetrack se congela por efecto de la bajada nocturna de temperaturas. Como las rocas están adheridas a la superficie, éstas también se congelan y basta con que llueva un poquito más para que se desprendan manteniendo sobre ellas un bloque de hielo. El bajo índice de fricción entre el hielo y el agua de la segunda lluvia que ha provocado el desprendimiento y una ligera brisa, hacen el resto y dibujan sobre el lodo reblandecido por efecto del agua las estelas que mantuvieron en jaque a los geólogos de los EEUU durante 50 años y que ahora se preguntan a qué demonios van a dedicar sus investigaciones.

Nota: En el año 2013 se descubrieron en la Laguna de Altillo Chica (Toledo) unas piedras que parecen moverse solas. Iker Jiménez está pasando de lo que descubrió Ralph Lorenz y ya prevé hacer un especial Cuarto Milenio desde allí.

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