LA DESAPARICIÓN DEL MARY CELESTE

Época victoriana, un bergantín inglés, una tripulación desaparecida sin dejar rastro, alcohol, mucho alcohol… El de Mary Celeste es quizá uno de los mayores misterios marítimos que se conocen, lo cual todo hay que decirlo, no significa que el descubrir la verdad de lo que pasó vaya a cambiar nada en absoluto.

Mary_Celeste_as_Amazon_in_1861

Construido en 1861 y bautizado como Amazon, la historia del Mary Celeste estuvo cargada de infortunios desde su nacimiento. El primer capitán destinado al bergantín murió antes de tomar el timón y el segundo en el que recayó el cargo pasó a mejor vida en el viaje inaugural, lo cual y dado lo supersticiosa que es la gente de mar, debió provocar en aquel entonces que fuese bastante complicado contratar tripulación y que quizá motivó el cambio de nombre.

El 5 de noviembre del año 1872, el Mary Celeste partió desde el puerto de New York con destino a Génova bajo el mando del Capitán Benjamin S. Briggs, acompañado por su mujer y su hija de dos años. La tripulación estaba compuesta por 7 hombres y el cargamento de 1700 barriles de alcohol industrial que en aquella época se utilizaba para aumentar la gradación de las bebidas alcoholicas (para que luego os quejéis del garrafón).

El diario de abordo no registraba ningún hecho anormal en la travesía del bergantín, datando la ultima anotación del día 24 de noviembre en la que Briggs consignaba la llegada a las Azores y el mal tiempo con el que se encontraron aquella noche. De la misma forma, la última anotación en la pizarra del puente era del día siguiente, el 25 de noviembre y en ella el Capitán anoto su posición al Nordeste de la isla de Santa María.

A partir de aquí, monstruos.

El 5 de diciembre, un bergantín de nombre Dei Gracia que había partido también desde el puerto de New York con destino Gibraltar, se cruzó con el Mary Celeste. Quiso la casualidad que el Capitán fuese un tal David Reed Morehouse amigo de Briggs quien, cuando divisó el bergantín, inició una maniobra de aproximación que le permitió observar no sólo que nadie manejaba el timón de la nave, sino que ésta carecia de señales de vida y que, a pesar de recibir una suave brisa del norte que propiciaba el desplazamiento del barco, las velas permanecían acuarteladas y dispuestas a recibir vientos de estribor (esto es, del Sur). Por aquello de saber que un capitán no abandona su barco y dada la amistad que unía a los dos capitanes, la situación del bergantín de Briggs mosqueó a su homólogo Morehouse, quién decidió enviar a bordo de la Mary Celeste a su primer oficial. Aquellas primeras impresiones se han repetido hasta la saciedad a lo largo de estos más de 100 años, alimentando un misterio que hoy dia sigue sin ser resuelto. El único bote salvavidas de la nave había desaparecido y los aparejos de amarre de éste parecían haber sido cortados, estando todavía abierto el antepecho donde debía arriarse el bote. El nivel de agua de la sentina llegaba solo a un metro y en el interior del barco se encontraron con restos de comida colocados en orden sobre la mesa del comedor, como ordenados se encontraron diferentes objetos en mesas y estantes. Se encontró un sable cuya hoja parecia manchada de sangre y se dieron cuenta que del cargamento de barriles de alcohol, 9 presentaban signos de evidente deterioro y estaban vacios. Además del bote salvavidas, la tripulación del Dei Gracia se percató de que habían desaparecido el sextante, la documentación de la nave a la deriva y algunas provisiones.

La primera decisión de Morehouse fue hacer llegar la Mary Celeste hasta Gibraltar donde presentó una demanda por recuperación. Al principio el tiro le salió por la culata ya que aquella actitud, muy típica entre marineros, le colocó como sospechoso de un complot urdido junto a Briggs para hacerse con la recompensa por la recuperación de la nave. Aquello no se sostuvo durante mucho tiempo y Morehouse quedó libre de toda culpa dando lugar a todas las teorías que se han barajado desde aquel entonces.

Puede el lector pensar que la creación de Comisiones para la investigación de hechos luctuosos que al final no descubren nada es un invento muy español y muy del Siglo XX pero tal afirmación no es cierta. El Almirantazgo británico inició una investigación oficial que no logró desvelar nada pero que apuntó a los 9 barriles de alcohol vacíos como desencadenantes del desastre en tanto en cuanto la tripulación se los habría bebido y bajo los efectos del pernicioso liquido, habrían desatado una orgía de sangre con el capitán y su familia como victimas y el famoso sable como arma tras lo cual habrían puesto pies en polvorosa valiéndose para ello del bote salvavidas desaparecido. Primero de todo hay que señalar que la sangre del sable no era tal, si no que se trataba de oxido. Después debemos recordar que el cargamento de la Mary Celeste era de barriles de alcohol industrial y no botellas de Pampero, lo que supone que la ingesta de tal cantidad habría supuesto la muerte de la tripulación y no los tipicos cánticos del Asturias Patria Querida previos a la exaltación de la amistad y al habitual mosqueo con la figura de poder.

En su mayoría, el resto de teorías apuntaron a que la tripulación había abandonado el barco por una catástrofe indeterminada. Unos dicen que el mal estado de los barriles provocaron una fuga de vapores etílicos que obligaron al Capitan a dar la orden de abandonar el barco ante el peligro que tal fuga suponía. Otros afirman que el avistamiento de un Kraken (estaba tardando en salir) de tamaño descomunal u otro monstruo marino de similares dimensiones y malformidades fueron los que motivaron la decisión. En esta misma línea algunos llegaron a afirmar que fue el avistamiento de una Sirena la que propició que, en su deseo de atraparla, la tripulación fuese tras ella siendo incapaces después de volver a subir a bordo, bien sea porque la borrachera con alcohol industrial que les había provocado la alucinación de la Sirena se lo impidiera bien porque en medio de la tajada no hubieran tenido la precaución de dejar un cabo suelto que les facilitara la subida al barco. Sea como fuere y obviando seres mitológicos y borracheras, la ordenada disposición de los elementos dentro del bergantín no alimentan la creencia de que el abandono del barco fue hecho de forma precipitada, manteniendo de esta forma un misterio bastante insustancial pero que ha llenado libros y libros desde aquel año 1872 y cuyo máximo exponente fue publicado en 1884 por un autor anónimo, y que bajo el titulo Declaración de J. Habakuk Jephson contaba la historia del Mary Celeste (sustituyendo los nombres reales) desde el punto de vista del único superviviente de la tripulación: el Jephson del título que, a pesar de ser cocinero, se habría ascendido a Capitán, cuando tras la misteriosa desaparición de la hija y esposa de Briggs, éste decidiera suicidarse. Henchido de poder, el cocinero Jephson habría tomado la decisión de poner rumbo a Africa, donde una tribu de negros habrían aniquilado al resto de la tripulación dejándole a él con vida porque, azares del destino, en uno de sus bolsillos guardaba una piedra negra que la tribu habría tomado por la parte que le faltaba a uno de sus ídolos. La Declaración de J. Habakuk Jephson explicaba a grandes rasgos la desaparición de la tripulación pero dejaba abierta la pregunta de lo sucedido a la familia del Capitán, pregunta que jamás fue respondida por el autor del opúsculo que salió del anonimato meses después no siendo otro más que Arthur Conan Doyle en uno de sus primeras incursiones en la ficción literaria.

MrP_SirArthurConanDoyle

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