LA GENTE QUE GRITA EN LOS RESTAURANTES

"Donde hay un restaurante, hay un tonto hablando a voces" Dalai Lama.

“Donde hay un restaurante, hay un tonto hablando a voces”
Dalai Lama.

Los energúmenos que gritan en los restaurantes llevan todos un polo Ralph Lauren Rosa chillón y tienen una barriga del tamaño de una ballena Calderón. De hecho existen porque Jacques Cousteau no llegó a publicar a tiempo su estudio: “Como sacar jabón Lagarto de la grasa de la barriga de los tipos que gritan como energúmenos en los restaurantes”. Si no ahora estarían todos frotando el fondo de las sartenes, que es una tradición preciosa y que se ha perdido actualmente.

Los energúmenos que gritan en los restaurantes son siempre el “Cuñado” de alguien y tienen una empresa pequeñita, y que les ha mordido por la noche y les ha transformado en miembros activos del Partido Popular, o del Opus Dei. Y dicen siempre cosas como: “Tu que sabrás” ó “Trae para acá que no tienes ni puta idea” a su cuñado, que el pobre trabaja en la “Renault” y bastante tiene con aguantar el “Sálvame” los Viernes como para aguantar al zopenco voceras del hermano de su mujer, pero lo soporta porque un día es un día y carece de tendencias homicidas.

Se comen todo lo que hay en la mesa, y rebañan con el pan hasta el bordado de los manteles, porque entre semana pasan mas hambre que el rabo de una lagartija, aunque lleven un polo hortera de Ralph Lauren. Se manchan los papos de grasa y se limpian con servilletas de paño que les dejan la boca como si el Jocker hubiera practicado el “Beso negro” con Cristina Almeida. Pero les da igual, porque son felices gritando al resto de los usuarios: “Eh! Tranquilos que pago yo!” a voces. Y cuando llega la factura tardan mas en sacar la cartera que un pistolero sin brazos.

Ahí no gritan, cosa que es de agradecer.

Hablan a voces para que todo el mundo sepa que han estado en Baqueira en vacaciones,

Da igual la opinión del resto: "Una paella pa´cuatro y dos de jamón, que hay perras pa´pagar!"

Da igual la opinión del resto: “Una paella pa´cuatro y dos de jamón, que hay perras pa´pagar!”

y que un a amigo suyo “Que ya os diré quien es” les invitó a su chalét en Ampuria Brava, pero que no fueron porque, claro, “El ojo del amo engorda el ganado”. Y debe ser verdad porque están cenochos como gatos capados.

Los energúmenos que gritan en los restaurantes tienen hijos que son como mandriles en libertad condicional. Se llaman Carlos, o Roberto y corren entre las mesas de los comensales gritando como si le estuvieran extirpando un testículo con un sacacorchos oxidado. Lo que suele ser lo suficientemente molesto como para abrirles la cabeza con un tenedor.

Cuando llega el postre, el energúmeno que grita en el restaurante siempre berrea: “Y ahora nos vamos a la URBANIZACIÓN a echar unas partidas de Paddle”.

Por dos razones.

El director de "Autoescuelas Carromero" a punto de ejercer de soprano tenor en la cena familiar.

El director de “Autoescuelas Carromero” a punto de ejercer de soprano tenor en la cena familiar.

PRIMERA: Que todo el mundo sepa que vive en una URBANIZACIÓN, cosa que da mucho prestigio a un zampabollos vestido como Winnie The Pooh, pero que suele tratarse de un chalet cochambroso en mitad de un antiguo arrozal vietnamita donde hay unas comadrejas del tamaño de mastines pirenaicos y lo único civilizado que existe en los alrededores es el aeropuerto, que mete tanto ruido que desearías que Bin Laden estuviera vivo.

SEGUNDA: Que sabe que ninguno de los comensales va a aceptar la invitación, porque temen a las comadrejas, y les da pena que al gordinflas le reviente la patata al segundo saque en la cancha de Paddle.

Llaman a la camarera “Moza” o “Chata”, y a los camareros “Jefe” o “Chaval” (Aunque el hostelero tenga 70 años y haya encargado ya su lápida a “Telemuerto”).

Estas jocosidades lingüísticas alegran mucho a los camareros, porque su jefe les obliga a ser obsequiosos con el energúmeno que grita en los restaurantes, debido a que él mismo tiene un polo rosa chillón de Ralph Lauren en el armario y pertenece a la tribu del tipo de la barriga como el lomo de una ballena Calderón.

Estimado visitante del futuro. Si vas a comer a un restaurante, y les oyes gritar. Mátalos. Mátalos antes de que pongan huevos.

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