UNA DE VAQUEROS. Marcial Lafuente Estefanía

Me planto delante de la hoja en blanco, pensando en qué puedo mostrarte en esta ocasión. Ya que mi sección es literaria, tengo que hablarte de libros. Te he presentado ya varios ejemplos de lo sublime de la palabra escrita por el ser humano, pero no quiero escribir sobre impresiones subjetivas, o lo que es peor, caer en la tentación de la pedantería. Porque una cosa tenemos clara en la Sociedad Supersecreta: la cultura que más mola es la que entretiene.

Así que hoy nos zambulliremos en la vida y obra de un autor “de segunda línea” pero que ostenta grandes logros. Abrió el camino de la lectura a varias generaciones de españoles en un tiempo gris, donde sólo había tiempo para la supervivencia. Descubrió un mundo de evasión y aventura, en el que siempre ganaban los buenos y los malos terminaban en la horca o reventados a balazos, devolviendo esperanza a todos aquellos testigos de la barbarie. Y a sus vástagos.

DON MARCIAL

DON MARCIAL

Marcial Lafuente Estefanía (1903-1984) fue un hombre valiente por varias razones. La primera es que un día se puso delante de un papel en blanco y se puso a escribir, un acto heroico en mi opinión, y terminó publicando más de 3000 obras. La segunda es que era un hombre culto, con título de ingeniero industrial en ristre, y de buena familia. Y sin embargo, decidió ir contracorriente, haciéndose escritor, pero de literatura popular, de pasquines kiosqueros. En tercer lugar, su bravura la demostró eligiendo el tema de sus novelas: el Western. Que digo yo, qué tendrá que ver España con el lejano Oeste, pero sus viajes a los Estados Unidos de América le sirvieron de inspiración para sus historias, y como ya he dicho, consiguió que muchos se sintieran identificados con aquellas tierras salvajes. Por último, fue valiente por su decisión de quedarse en España habiendo batallado en bando enemigo, siendo incluso encarcelado, vengándose luego al meterse en todos los hogares españoles, burlando la censura gracias a su “literatura barata”.

Pero vayamos por partes. Marcial escribía novelas de vaqueros, sí, pero no por eso era un mindunguis. Realizó obras hidráulicas en Angola y también en Norteamérica. De 1928 a 1931 tuvo ocasión de recorrer los Estados Unidos, especialmente California, Arizona, Nuevo México y Texas, adquiriendo un profundo conocimiento de este país, del que le inquietó profundamente el genocidio practicado contra los indios y la discriminación racial. Este conocimiento de ese país le sirvió luego para ambientar sus historias, cuyos detalles de atmósfera y localización son rigurosamente exactos.

Durante la guerra llegó a ser general del Ejército Republicano y tras ella tuvo la posibilidad de huir, pero prefirió quedarse en España e ir a la cárcel, lo que de hecho estuvo a punto de costarle la vida. El oficial que lo hizo prisionero decidió pasar por las armas uno a uno a varios republicanos, y cuando le correspondía a Estefanía, una prostituta de guerra se acercó al oficial y le dijo: “Hala, vamos a hacer una dormida. A esos otros déjalos para mañana”. El individuo accedió, y al día siguiente la llegada de un jefe de más graduación les libró a todos de la muerte.

SILVER KANE (Francisco González Ledesma) y MARCIAL L. ESTEFANÍA

En prisión comenzó a escribir de forma más concienzuda, aprovechando trozos de papel que conseguía aquí y allá. “Empecé a escribir prácticamente en un rollo de papel higiénico. No tenía cuartillas, no tenía pluma; entonces decidí utilizar el lápiz y el papel de retrete. Estaba en una sala quinta de uno de los hoteles en los que me recluyó el Gobierno”.

El final de la guerra, como a tantos otros, le dejó tres únicos patrimonios: sus deudas, su expulsión del trabajo y sus ilusiones muertas. Fue entonces cuando empezó a realizar aquella tarea en la que no había pensado nunca: escribir novelas de aventuras. Y Estefanía pudo matar sobre papel a tiranos y caciques, a especuladores y traidores, imponiendo una especie de justicia que la historia no le daba. Era su pequeña venganza de hombre solo, al que nadie quería conocer. Era la supervivencia del vencido. Y tuvo éxito.

En la cárcel coincidió con el renombrado escritor Enrique Jardiel Poncela que le dio un consejo “No escribas cosas serias, escribe en broma para que la gente se entretenga, es la única forma de ganar dinero con esto”. Y así fue, escribió para entretener a la gente con su estilo particular. En su manera de escribir desde el principio buscó la amenidad, prescindió de las largas descripciones y trabajó sobre todo los diálogos, con unos modismos muy característicos y una acción disparada. La novela del oeste, tal como la configuró Estefanía, constaba de unas 100 páginas de impresión barata y muy característica, semejantes al pulp norteamericano; se escribía y publicaba una por semana y se vendían a duro (cinco pesetas) cada una. A veces bastaba con comprar una y, tras ser leída, se podía devolver al kiosquero para, por un precio inferior, conseguir otra. Sabedor de que sus novelas se leían en los Estados Unidos, cuidaba mucho la verosimilitud histórica, geográfica y botánica del Oeste norteamericano, para lo cual recurría a tres libros en particular: una obra muy completa de historia de Estados Unidos, un atlas muy antiguo de este país, donde aparecían los pueblos de la época de la conquista del Oeste, y una guía telefónica estadounidense en la que encontraba los nombres de sus personajes.

CLINT EASTWOOD encarnó a algunos de sus personajes

CLINT EASTWOOD encarnó a algunos de sus personajes

Publicó su primera novela del oeste en 1943, con el título de La mascota de la pradera, con la editorial Cíes. Al principio firmó sus westerns bajo los pseudónimos de Tony Spring y Arizona, pero luego publicó ya siempre con su nombre verdadero. También probó el género policíaco firmando con el seudónimo de Dan Lewis, y con novelas de amor firmadas con el nombre de su esposa María Luisa Beorlegui. En una España empobrecida y sin papel, consiguió vender varios millones de libros. A finales de los 50, Estefanía ya se había convertido en el autor que más vendía, y Bruguera, que ya era una potencia editorial, le contrató. La familia Estefanía que residió en la ciudad viguesa hasta 1952, regresó a  vivir a Madrid.

Con su estilo llano, directo, sin la menor complicación estilística, sin ahondamientos psicológicos y reduciendo a la mínima expresión cualquier referencia al paisaje, su relato sumerge al lector desde la primera página en su objetivo esencial: la acción, el ritmo trepidante que imprime a su narrativa, que hace difícil, por no decir imposible, abandonar la  lectura. Como literatura de evasión logró, desde el primer momento, conectar con un amplio público, donde cuenta con millones de lectores adictos en todo el mundo. Su estilo resultaba elemental y primario. Y no era que no supiese hacerlo mejor. Sabía. Pero él estaba convencido de que la gente no quería descripciones de paisajes ni complicaciones psicológicas, de que la gente buscaba rapidez y acción. Acertó plenamente, porque tenía tantos lectores en 1943 como tiene hoy, es decir lo han leído los abuelos y los nietos. Con más de 3000 títulos diferentes, y cincuenta millones de ejemplares vendidos, las novelas de Marcial Lafuente Estefanía constituyen todo un fenómeno editorial con tiradas de hasta cien mil ejemplares allá por los ’60. Forman parte además de la memoria colectiva para más de una generación, las novelas del oeste fueron algo más que un género menor, pues en muchos casos era su única aproximación a la lectura como forma de entretenimiento. ¿Es o no es un héroe del s. XX?

1228216705_850215_0000000000_sumario_normalEn los últimos tiempos sus hijos y nietos todavía escriben por él, en un gran clan literario que continuó aun sin el fundador. Sus hijos, sobre todo Federico, se integraron por completo en la labor emprendida por su padre. La tarea llegó a ser tan estrecha que, años después, los propios autores no conseguían ponerse de acuerdo sobre quién había escrito cada novela. Pero, en tantos años, lo que a ninguno de ellos se le ha pasado por la cabeza es firmar con su propio nombre. Marcial Lafuente Estefanía murió en 1984, y nunca ha dejado de rubricar sus novelas de cien páginas.

Como curiosidad, hay que destacar que las obras de Marcial Lafuente Estefanía están prohibidas en Cuba y Venezuela por la apología que hacen del mundo yanqui. Qué irónico. Marcial Lafuente a la altura de Salman Rushdie o Baudelaire

Yo no he leído a don Marcial, no es un género que me guste. Pero sé que mi abuelo y mi padre han tenido en sus manos más libros de los que hubieran imaginado gracias a él. Tuvimos cientos de aquellas novelas, y no había noche que no se acostaran sin soñar con un rifle Winchester del calibre 73. En homenaje a ellos y al kiosco Dominguín, donde intercambiábamos cómics y novelas de vaqueros, te he desvelado esto, Visitante del Futuro. Quizá no sea arte, ni cultura… pero mola. Mucho.

EL LEGENDARIO OESTE

EL LEGENDARIO OESTE

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