JUVENTUD, DIVINO TESORO. El retrato de Dorian Gray.

¡Juventud! ¡Juventud! ¡No hay absolutamente nada en el mundo como la juventud!

Todo tiene su tiempo sobre la faz de la tierra, estimado Visitante del Futuro. Todo. Incluso nosotros habremos desaparecido cuando leas estas líneas, incluso tú dejarás de existir algún día. La materia, antes de desaparecer, se transforma a través de un complejo proceso llamado envejecimiento. Un proceso que al ser humano, en su infinito egocentrismo, le resulta doloroso y a veces insoportable. Nacemos con intención de ser eternos, sin la conciencia de que comenzamos a morir en el justo momento que empezamos a vivir. Y así nace nuestro afán por la perfección, nuestra búsqueda de la belleza a través del arte y nuestro anhelo por parar el tiempo en ese momento en que nos sentimos invencibles. Pero es una lucha en vano… porque si fuéramos inmortales dejaríamos de ser humanos.

OSCAR WILDE

OSCAR WILDE

Estas mismas reflexiones (seguramente más elaboradas) debió hacerse el escritor, poeta y dramaturgo irlandés Oscar Wilde (1854-1900) cuando escribió su única novela El retrato de Dorian Gray. Wilde fue uno de los principales representantes del esteticismo en Gran Bretaña, un movimiento artístico de finales del siglo XIX, basado en la doctrina de que el arte existe para beneficio de la exaltación de la belleza, la cual debe ser elevada y priorizada por encima de la moral y de las temáticas sociales. Este escritor llegó a ser una de las personalidades más prominentes de su época, sus paradojas y sus dichos ingeniosos y agudos eran citados por todas partes. Su actitud lánguida, comportamiento excéntrico, vestimentas exageradas, pelo largo y desdeño por las normas masculinas, así como su gusto por lo recargado y lo erótico, le proporcionaron la misma cantidad de éxitos que de problemas. Y es que el pobre, por culpa de su abierta amistad con lord Alfred Douglas, justo cuando se encontraba en la cima de su carrera, fue condenado a dos años de trabajos forzados por sodomía y grave indecencia, además de ser rechazado por sus familiares y amigos, quedando en la ruina más absoluta al final de su corta vida.

Conociendo estos pequeños detalles de la vida de este escritor, es más fácil adentrarse en la novela que hoy traemos a comentario. Y es que, como si una broma macabra del destino se tratase, en 1891 escribió una de las últimas obras clásicas de la novela de terror gótica, prácticamente profetizando las consecuencias perversas de la entrega al hedonismo y la autocomplacencia en una sociedad moralista e implacable, como era la sociedad británica victoriana.

DORIAN GRAY

DORIAN GRAY

Basil Hallward es un artista que queda enormemente impresionado por la belleza estética de un joven llamado Dorian Gray y comienza a encapricharse con él, creyendo que esta belleza es la responsable de la nueva forma de su arte. Basil pinta un retrato del joven. Charlando en el jardín de Basil, Dorian conoce a Lord Henry Wotton y empieza a cautivarse por su visión del mundo. Exponiendo un nuevo tipo de hedonismo, Lord Henry indica que “lo único que vale la pena en la vida es la belleza, y la satisfacción de los sentidos”. Al darse cuenta de que un día su belleza se desvanecerá, Dorian desea tener siempre la edad de cuando le pintó en el cuadro Basil. El deseo de Dorian se cumple, y a partir de entonces, la edad y los pecados que cometa se verán marcados en el retrato mientras que él mismo conservará su aspecto exterior sin ningún cambio. Al percatarse de esta nueva realidad, Dorian oculta el cuadro en una habitación, a la que solamente él tiene acceso. Durante los siguientes dieciocho años, experimentará todos los vicios posibles, su búsqueda del placer lo llevará a una serie de actos de libertinaje y perversión, llegando a cometer crímenes por vanidad mientras el hombre del retrato se va transformando en un ser horrible, decrépito y monstruoso, ya que con cada pecado la figura se va desfigurando y envejeciendo; no deja de ser un recordatorio de los efectos de cada uno de los actos cometidos sobre su alma.

El retrato de Dorian Gray supone una vuelta de tuerca al mito de Fausto, que vendió su alma al diablo a cambio de conocimiento y poder, siguiendo el tema de la condenación eterna a cambio de bienes terrenales. Además la marcada contraposición entre personajes, entre el bien y el mal, entre la belleza (eterna gracias al arte) y la decrepitud del ser humano (tanto física como moral), hacen de esta novela un clásico imprescindible de la literatura decimonónica. Y eso a pesar de haber recibido duras críticas al principio, sobre todo por los tintes homoeróticos de la novela, que causaron gran impacto, y también por la percepción sobre el hedonismo y la imagen distorsionada que tenía de la moral convencional.

LA BELLEZA FRENTE A LO GROTESCO

Finalmente, Oscar Wilde consiguió su objetivo. La belleza de su obra lo sobrevivió, haciéndose inmortal e inmarchitable, hallando la manera de conciliar lo real con lo ideal. El retrato de Dorian Gray, además de haber sido publicada en múltiples ediciones en todo el mundo, ha sido adaptada al cine 18 veces, da nombre a un musical y aparece en diversos cómics.

Y todo había sido como tiene que ser el arte, inconsciente, ideal y lejano.

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