VUELOS DESAPARECIDOS

El pasado 8 de marzo, un Boeing 777-200 ER de la compañía Malasya Airlines, desapareció 49 minutos despues de despegar del aeropuerto de Kuala Lumpur con destino Pekin. 45 minutos después de este último contacto oficial, radares militares detectaron una señal que podría corresponderse con el avión desaparecido, aunque se encontraba a cientos de kilometros de la ruta establecida. Tras aquel último contacto los sistemas del avión fallaron de forma masiva. Gracias a los esfuerzos de los 26 paises embarcados en la busqueda de los restos y a la inestimable ayuda de Courtney Love, el día 25 de este mes se anunció el hallazgo del avión desaparecido. Una empresa de Colorado llegó a poner en marcha una plataforma de crowdsourcing para que cualquiera pudiese ayudar en su casa a rastrear la zona. En algún momento la presencia en el vuelo de dos iraníes con pasaportes falsos hizo saltar las alarmas de un posible ataque terrorista, pero las indagaciones hechas en esa linea terminaron desvelando un intento de entrar de forma ilegal en Europa. Es probable que la cercanía del acontecimiento haya evitado que se multiplicasen las teorías disparatadas sobre el acceso, a pesar de lo cual se ha hablado de un nuevo Triangulo de las Bermudas que se situaría en la zona del Estrecho de Macala donde desapareció la aeronave y que, coincidencias del destino, es donde supuestamente estalló el Ourang Medan. También se apuntó la posibilididad de que el avión se escondiera en la sombra de otra aeronave que llevaba rumbo a Barcelona o de que uno de los tripulantes, piloto de jets privado, tuviera algo que ver con la desaparición. Sea como fuere, el motivo del accidente seguirá oculto como han permanecido los motivos de al menos otro centenar de aviones que desde inicios del siglo pasado desaparecieron en pleno vuelo.

Alguno de los más famosos son nuestro patrio Cuatro Vientos, un avión modelo Breguet XIX Super Bidón que desaparecó en junio de 1933 y que dió nombre al aeródromo homónimo de la Ciudad de Madrid, o el más reciente Airbus A330 de Air France que desapareció en 2009 en su trayecto desde Río de Janeiro a París. Pero sin lugar a dudas la desaparición aerea que más ríos de tinta ha hecho correr es la del “Vuelo 19”, una escuadrilla de cinco torpederos Avenger de la Armada de los EEUU que desapareció el 5 de diciembre de 1945 mientras efectuaba un vuelo de entrenamiento sobre la zona que desde el año 1964 se conoció como Triangulo de las Bermudas. El ejercicio del Vuelo 19 estaba efectuandose de forma normal cuando el Teniente Carlos O. Taylor se puso en contacto con la base aerea de Fort Lauderdale para informar que su escuadrilla se había perdido. Cuando la torre de control pidió al piloto que se dirigiesen al oeste la respuesta del oficial fue:

No sabemos dónde está el oeste. Todo parece falso, extraño. No estamos seguros de ningún rumbo. Incluso el océano no parece ser el mismo de siempre.

Tras aquella comunicación se perdió contacto con los cinco torpederos y la Armada envió a la zona un hidroavión en busca de posibles restos, desapareciendo a su vez e incrementando una leyenda que a día de hoy sigue creciendo.

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No obstante y a pesar de los misteriosamente misterioso que pueda sonar la historia del Vuelo 19, sería de justicia aplicar en este caso la Navaja de Ockham, ya sabéis, aquélla que reza que «en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta» y que tantos y tantos investigadores de lo paranormal tienden a olvidar. ¿Extraterrestres en el fondo del mar? Tal vez, pero quizá sea más sencillo explicar la desaparición de la escuadrilla como un simple caso de desorientación por parte del Teniente Taylor que creyendo encontrarse en otro punto, se hubiese adentrado en el Océano Atlántico donde los aviones se habrían quedado sin combustible con las lógicas consecuencias. No está de más traer a colación el dato de que con anterioridad al accidente el Teniente Taylor había abandonado en dos ocasiones su nave por haberse perdido, algo que la familia forzó a silenciar en el informe oficial, informe en el que, todo hay que decirlo, en ningún momento se afirmaba que las brújulas dejasen de funcionar.

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