GAUDÍ. Vida y obra de un genio (I)

El arquitecto del futuro se basará

en la imitación de la naturaleza,

porque es la forma más racional, duradera

y económica de todos los métodos.

La Pedrera

La Pedrera

Hoy voy a mostrarte algo muy bello, Visitante del Futuro. A menudo nos preguntamos cuándo un artista se convierte en un genio para la historia, qué hace posible que una persona traspase la frontera de la temporalidad, consiguiendo que su obra perdure a través de los siglos. Es algo que no tiene nombre, sublime e imperceptible, pero que todos sabemos percibir. Nosotros, los hermanos Shur, perseguimos infatigables esa quintaesencia que hace del ser humano una especie única en el universo, capaz de crear cosas tan bellas que parecen obra del Creador.

Antoni Gaudí fue uno de esos hombres que parecen tocados por la gracia divina. Su obra arquitectónica se ha convertido en la imagen de Barcelona, aunque también hizo algún trabajo en otros sitios, porque gracias a él y a su estilo inimitable esa ciudad es única en el mundo. A Gaudí los críticos e historiadores lo tildaron de modernista, hiperrealista, organicista, barroco y otras lindezas, cuando en realidad no perteneció a ningún estilo ni movimiento artístico, aunque de todos ellos tenía trazas. Gaudí fue un filósofo que expuso sus ideas mediante la construcción de edificios.

Antoni-Gaudi

Antoni-Gaudi

Gaudí nació en 1852, aunque se desconoce el lugar exacto del nacimiento existiendo una controversia entre Reus y Riudoms. De niño fue de naturaleza enfermiza, lo que le transmitió un carácter un tanto retraído y reservado. En aquella etapa padeció fiebres reumáticas, lo que perfiló su carácter solitario e introvertido, y su notoria ingenuidad. Sin embargo, su talante observador facilitó el desarrollo en profundidad de una afinidad por la naturaleza que le acompañaría ya para el resto de su existencia. Quizá por eso, de mayor se convirtió en vegetariano y en partidario de teorías higienistas. Debido a estas creencias –y por motivos religiosos–, en ocasiones se entregaba a severos ayunos, tanto que en ocasiones ponía en peligro su propia vida, como en 1894, año en que cayó gravemente enfermo a causa de un prolongado ayuno. Cursó arquitectura en la Escuela de la Llotja y en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, donde se graduó en 1878. Su expediente académico fue regular, con algún que otro suspenso; Gaudí se preocupaba más de sus propios intereses que de las asignaturas oficiales. El director de la Escuela dijo en el momento de otorgarle el título: “Hemos dado el título a un loco o a un genio, el tiempo lo dirá”.

Sus primeros proyectos fueron en Barcelona, siendo su primer encargo importante la Casa

Maqueta Sagrada Familia

Maqueta Sagrada Familia

Vicens, empezando a adquirir renombre. El industrial catalán Eusebi Güell, impresionado por su obra, a la vez funcional y estética, contactó con el arquitecto para encomendarle varios proyectos. Comenzó así una larga amistad y un fructífero mecenazgo que dio origen a algunas de las más destacadas obras de Gaudí, entre las que destaca el Parque Güell. Asimismo, se relacionó con el marqués de Comillas, suegro del conde Güell, para el que realizó El Capricho de Comillas. En 1883 aceptó hacerse cargo de continuar las recién iniciadas obras del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Gaudí modificó totalmente el proyecto inicial, convirtiéndola en su obra cumbre, conocida y admirada en todo el mundo. A partir de 1915 se dedicó casi por completo a este proyecto, hasta que murió. En los primeros años 1890 recibió dos encargos fuera de Cataluña: el del Palacio Episcopal de Astorga y el de la Casa Botines en León. El principio de siglo encontró a Gaudí embarcado en numerosos proyectos, en los que se evidenciaba el cambio de su estilo, cada vez más personal e inspirado en la naturaleza. Durante la primera década del siglo se ocupa de proyectos como la Casa Figueras, el Parque Güell y la restauración de la Catedral de Santa María de Palma de Mallorca. Entre 1904 y 1910 construye la Casa Batlló y la Casa Milà, dos de sus obras más emblemáticas. Los últimos años de su vida los dedica por completo a la “Catedral de los pobres” –como es popularmente conocida–, para la que incluso llegará a pedir limosna a fin de poder continuar con las obras.

Fachada Casa Batlló

Durante su juventud fue arrogante, obrerista y amante del jolgorio, le gustaba vestir y vivir como un caballero y pasearse en calesa, aunque su vida sentimental dejaba demasiado que desear. Patriota acérrimo, no duda en frecuentar ambientes de corte socialista y conspirador discutiendo de política. Pese a todo, a mediados de 1894, su vida inicia un extraño e inesperado giro hacia el ascetismo. La apariencia personal de Gaudí –pelo rubio y ojos azules– sufrió una radical transformación con el paso del tiempo: de ser un joven con aspecto de “dandi”, pasó en su vejez a la más estricta sencillez, comiendo con frugalidad, vistiendo trajes viejos y gastados, con un aspecto descuidado, tanto que a veces lo tomaban por mendigo. Gaudí vivió dedicado por completo a su profesión, permaneciendo soltero toda su vida. Se refugió en su profunda religiosidad, en la que encontraba gran sosiego espiritual.

El 10 de junio de 1926 murió al haber sido víctima de un atropello por un tranvía. Siendo tomado por un mendigo, al ir indocumentado y a causa de su aspecto descuidado, con ropas gastadas y viejas, no fue socorrido de inmediato, siendo atendido en el Hospital de la Santa Cruz. A modo de anécdota podemos añadir que, habiendo sido un hombre de profunda religiosidad y de vida ascética, se ha iniciado el proceso para su beatificación, y hoy en día es considerado siervo de Dios por la Iglesia Católica, el primer peldaño para la beatificación.

Bóveda Sagrada Familia

Gaudí suele ser considerado el gran maestro del modernismo catalán, pero su obra va más allá de cualquier estilo o intento de clasificación. Es una obra personal e imaginativa que encuentra su principal inspiración en la naturaleza. Gaudí estudió con profundidad las formas orgánicas y anárquicamente geométricas de la naturaleza, buscando un lenguaje para poder plasmar esas formas en la arquitectura. Esta visión orgánica de la arquitectura se complementa en Gaudí con una singular visión espacial que le permitía concebir sus diseños arquitectónicos de forma tridimensional. Debido a esta concepción espacial Gaudí siempre prefirió trabajar sobre moldes y maquetas, o incluso ir improvisando sobre el terreno a medida que la obra avanzaba; reacio a dibujar planos, en raras ocasiones elaboró croquis de sus obras, tan sólo cuando se lo requerían instancias oficiales.

Uno de los elementos empleados profusamente por Gaudí es la curva catenaria, siendo el primero en utilizar este elemento en la arquitectura común. Dotaba así a sus estructuras de un elemento de gran resistencia, ya que la catenaria distribuye regularmente el peso que soporta, eliminando tensiones y confiriendo a los edificios ligereza y volatilidad. Fue un gran genio creador que creó un estilo propio, de gran perfección técnica a la vez que un cuidado valor estético, marcado por el sello de su fuerte personalidad.

Hasta aquí la vida y obra del arquitecto más famoso de los siglos XIX y XX. Pero, ¿escondía algo más en su obra? Eso, estimado amigo, te lo cuento pronto.

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