EL FUEGO PURIFICADOR. La Hoguera de las Vanidades

Aquí estoy otra vez, Visitante del Futuro. Hoy te traigo una historia un tanto truculenta, llena de recodos, recovecos y secretos oscuros.

Imagina…

Florencia en el Renacimiento

Estamos en Italia, en la segunda mitad del siglo XV. El arte, la inspiración, las manos mágicas capaces de crear obras maravillosas con un pincel, un cincel o una pluma recorren las calles. El Renacimiento italiano está en todo su esplendor.

Girolamo Savonarola

En la pequeña localidad de Ferrara, nace en 1452 Girolamo Savonarola, monje dominico inteligente, culto y muy exigente. De su primera educación se encargó su abuelo Michele Savonarola, médico famoso entre la nobleza, religioso y estudioso de la Biblia, disciplinado, austero y determinante. Fue él quien le inculcó su fiebre religiosa, y aunque su padre quería que estudiara medicina, a los 18 años abandono la carrera para dedicarse a la teología y las doctrinas católicas.

Empezó a ganarse enemigos poderosos cuando a la edad de 22 años escribió dos libros en los que comparaba a Roma con la antigua Babilonia. Ingresó en la orden dominica como predicador. Su discurso era duro y rotundo: la Iglesia estaba corrupta en su cúpula y sus miembros sólo se interesaban por ellos mismos y sus riquezas. Sus sermones empezaron a ser multitudinarios, llegándose a juntar 15.000 personas para escuchar su diatriba.

Cilicios y formas de flagelación usadas en la Edad Media

En el convento se distinguía por sus rigurosos ayunos y penitencias, que incluían el cilicio. Empezaba a desarrollar una personalidad cada vez más obsesiva, fundamentada en la fe, la austeridad, la meditación y la cúpula Romana, ya que pensaba que la gente que poseía muchas riquezas ofendía a Dios, además de faltar a la doctrina por no ocuparse de los pobres.

Por esta misma razón su objetivo empezó a ser la familia Borgia.

Cuando la orden dominica lo mandó a Florencia, sus críticas excesivas y su forma de hablar violenta, cansaron a la gente que dejó de acudir a escucharlo. Eso le hizo aprovechar los dos años que estuvo en varias ciudades para estudiar técnicas sobre discursos en público y practicar con énfasis la predicación.

En 1491 llegó a Florencia por segunda vez. Esta vez para quedarse.

Papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia)

Le fue entregada la titularidad de la iglesia de San Marcos y empezó a atacar al Papa Inocencio VIII, “el más vergonzoso de toda la historia, con el mayor número de pecados, reencarnación del mismísimo diablo”. Con esto no pretendía la guerra con las altas esferas, sólo pensaba que los haría reaccionar y cambiarían sus “caminos equivocados”.

Sus predicaciones estaban llenas de avisos proféticos que parecían cumplirse en una ciudad dominada por la enfermedad, el paro y el abuso de la nobleza. Con lo cual no es de extrañar que cada día tuviera más seguidores acérrimos. Profetizó la epidemia de sífilis y la entrada de Carlos VIII, que vio como una bendición divina. Cuando Carlos VIII entró con su ejército en Florencia derrotó y expulsó a los Medici, Savonarola surgió como líder y comenzó a gobernar la República Democrática de Florencia, bajo un carácter fuertemente religioso.

Escultura de Savonarola que representa la fierez a de sus sermones

Escultura de Savonarola que representa la fierez
a de sus sermones

Persiguió fieramente a los homosexuales, las bebidas alcohólicas, el juego, la ropa indecente, los cosméticos y cualquier cosa que permitiera la vanidad o el pecado. Ordenando a la policía que recogiera todo ese tipo de objetos, empezaron las primeras Hogueras de las Vanidades, que consistían en pequeñas fogatas repartidas por toda la ciudad, donde se quemaban todos estos artículos considerados inmorales.

A la muerte del Papa Inocencio VIII, llegó Alejandro VI. Savonarola arremetió contra él y todos los Borgia y, aunque el Papa intentó convencerlo para que hubiera paz, él se negó llegando incluso a cuestionar su autoridad.

Menuda historia, ¿verdad? Intensa… Pero, ahora tienes que estar muy atento porque todo va a pasar muy rápido.

Libros entregados a las llamas

Era la tarde del 7 de Febrero de 1497, en la ciudad de Florencia empezaban a encenderse las fogatas para quemar los objetos de pecado. En la Plaza de la Señoría, la principal de la ciudad, estaba el mismísimo Girolamo Savonarola. Empezó su sermón mientras la gente arrojaba al fuego pequeños objetos: cosméticos, diademas, algún libro subido de tono… El sermón se fue volviendo cada vez más rotundo, la gente empezó a entonar cánticos y bailar alrededor de la hoguera, ya no bastaba con las cosas pequeñas, había que buscar más. Un grupo, borracho de fe religiosa, salió a buscar en las casas aledañas objetos de pecado que había que purificar entre las llamas. Fue ahí donde empezaron los saqueos y las palizas a los homosexuales, prostitutas y personas obesas. Mientras tanto, Savonarola seguía con su discurso cada vez más exaltado, más duro y vehemente, incitando a purificarlo todo, libros, cuadros, partituras e instrumentos musicales, esculturas, máscaras de carnaval, pelucas, ropa elegante… Todo lo que implicara sexo o vanidad. La hoguera crecía en diámetro y los cánticos cada vez eran más fuertes mientras la gente entraba en éxtasis hipnotizados por las llamas. Un grupo de las casas saqueadas se acercaron a la hoguera para impedir que se hiciera ese atropello a la cultura…

Nadie sabe cómo pasó, ni cuántos de ellos acabaron dentro de la hoguera de la que intentaban salvar las obras de arte.

Ejecución de Savonarola

A raíz de esto, Savonarola fue excomulgado y un año más tarde el ejército del Papa Alejandro VI entra en Florencia buscando al dominico. El pueblo lo entregó sin resistencia. Fue acusado de herejía, rebelión y errores religiosos. Después de dos días de tortura firmó la confesión y fue condenado a muerte.

Girolamo Savonarola pereció en la hoguera el 23 de mayo de 1498, pasando a la historia como el que hizo desaparecer pinturas originales sobre temas mitológicos de Sandro Botticelli, así como libros de Boccaccio y Petrarca.

Ese fue el castigo divino por su soberbia y su falta de respeto a la cultura y saber general.

Placa conmerativa a Savonarola y su dos manos derechas

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