AGUAMIEL

Hay historias curiosas, simpáticas, que llenan la imaginación y te trasladan a lugares y épocas remotas. Hoy quiero hablarte de una figura que siempre me ha parecido interesante, un tanto rocambolesca y algo alocada por lo que ella implica.

Imagina…

Ciudad Medieval

Ciudad Medieval

Estamos en cualquier parte del Viejo Mundo en los siglos XII y XIII. Quiero que veas esos campos sembrados coronados por castillos, esos poblados con casas de barro y piedra, esas calles de tierra… Quiero que veas a un personaje en una carreta tirada por caballos o mulos, lleva una camisa de labriego y unos pantalones de saco, lo más probable es que lleve algún sombrero ladeado. Le acompaña un muchacho, es joven y va vestido de la misma guisa, es su aprendiz. En el lateral de la carreta, cerrada con paño blanco, se puede leer una inscripción: CIRUJANO-BARBERO.

Cirujano-barbero y aprendiz

Cirujano-barbero y aprendiz

 

Entra en el poblado haciendo sonar unas campanas que lleva colgadas en la parte trasera del carro, los niños corren detrás de él y poco a poco las gentes se arremolinan alrededor. Cuando llega a la plaza principal para y se mete dentro, abre la lona de detrás y deja al descubierto un mundo de frascos, ungüentos, perfumes… Los olores envuelven a la gente. Al fondo del carro, hay una suerte de instrumentos que más parecen de tortura que de alivio.

Los médicos son escasos y muy caros, por lo que sólo atienden a la clase alta, sólo frecuentan los castillos y palacios. Así que nuestro hombre presta sus servicios por unos peniques ¿Cómo ha aprendido? Bien, él también fue en su momento el muchacho que iba en el carromato con un cirujano-barbero.

Aguamiel o hidromiel

Aguamiel o hidromiel

Saca de la carreta unos toscos caballetes y coloca encima una tabla de madera. Esta mesa imporvisada se llena en un satiamén de frascos. Es su remedio milagroso, sirve para absolutamente todo: un dolor de cabeza, cansancio general, estreñimiento, diarrea, molestias del periodo, nauseas.. Para todo. Se llama aguamiel o hidromiel, tiene entre 12 y 14 grados de alcohol y resulta de la fermentación de la miel, que después se rebaja con agua. Barato y buen negocio, con esa graduación seguro que se van todos los males mientras él esta ahí. Cuando se ha vendido una cantidad considerable, empieza el otro oficio. Mientras el muchacho se encarga de cortar pelo y afeitar barbas, él, dentro de su carro, prepara el instrumental para menesteres más serios.

Sacar muelas o blanquear los dientes con aguafuerte era una práctica muy común.

Las sangrías eran lo segundo más común, se hacían, bien a través de sanguijuelas o metiendo el brazo del “paciente” en agua caliente para cuando la vena se hinchara hacerle una incisión. Realizaban estas prácticas normalmente en primavera, ya que pensaban que así los humores de cuerpo se renovaban y habría menos enfermedades.

Cuando se gangrenaba algún dedo, hacían pequeñas amputaciones. El aguamiel era su firme aliado, ya que no contaban con anestesia, unas cuantas botellas y el “paciente” quedaba KO. Los más osados se atrevían con amputaciones mayores, el brazo, la pierna…

Realizando una trepanación

Realizando una trepanación

Líbrate de tener migrañas o que alguien te acuse de locura por aquella época. El remedio para estos males era la trepanación, osea, cortar un trozo de cráneo y sacar una pequeña porción de cerebro para aliviar la tensión de éste.

Solía ser peor el remedio que la enfermedad. Algunos de ellos tenían libros de medicina o habían aprendido con algún médico, pero la gran mayoría aprendían el oficio por “herencia” sin ningún conocimiento más que la práctica de años de un maestro que tampoco sabía gran cosa. Un porcentaje altísimo de estas grandes intervenciones acababan mal, muy mal.

Con la práctica que dan los años, decide establecerse. Conoce a otros cirujanos y decide asociarse. Más “docentes”, más gente que atender, más dinero. Pone en la ventana del local una botella llena de sangre. Es la forma en la que la gente reconoce el tipo de negocio, saben que es una barbería y que la trastienda es una sala de operaciones improvisada. Con el tiempo las quejas de la gente, que les daba aprensión esa botella llena de sangre, hacen que la enrollen con un trapo blanco. Eso dará lugar a que alguien (jamás sabremos quién) cree el típico poste de barbero con sus franjas rojas y blancas.

Típico poste de barbero

Típico poste de barbero

Han pasado varios siglos y la profesión sigue igual. Los tiempos han cambiado, se ha avanzado en medicina y es más asequible y fácil estudiarla (hay más universidades que imparten la materia) lo que hace que proliferen los especialistas en la profesión. Los médicos y cirujanos acusan de intrusismo a los cirujanos-barberos y comienzan una lucha para separar las profesiones. Por fin, a finales del siglo XIX, consiguen que poco a poco, ciudad a ciudad, separen los gremios y prohíban las prácticas médicas a los barberos. Lo que sí mantuvieron fueron esos postes tan identificativos, que hoy en día se van recuperando y podemos ver en muchas barberías del mundo.

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