BLIND GUARDIAN

Hace mucho, mucho tiempo…

Blind Guardian, aún recuerdo la primera vez que oí ese nombre. Lo oí dentro de mi cabeza, fue al leerlo en una camiseta. La llevaba puesta un chico que iba a mi mismo instituto. Estaba escrita en grandes letras góticas amarillo doradas sobre el somewhere far beyodpecho de camiseta negra. Era una de esas camisetas que son parte indispensable del armario de un metalero. Esta era diferente a las que yo había visto antes… no había motos, ni monstruos sólo había unos personajes sentados en el claro de un bosque de alrededor de una especie de esfera mística. Automáticamente me sentí transportado a la Tierra Media de Tolkien, aquellos personajes parecían elfos, magos y montaraces. Aquella música seguro que debía hablar de mis héroes literarios. Tenía que conseguir escuchar aquella banda que ilustraba las portadas de sus obras con esos dibujos tan maravillosos. Desde ese mismo momento Blind Guardian se convirtió en el “most wanted”. No importaría que fuera la copia de la copia de la copia de una cinta de hierro barata, quería escuchar aquello (el original sólo era una utopía, y no sólo me refiero al esfuerzo económico al que no me importaría consagrar mi juventud, sino a la imposibilidad de comprar algo así en mi ciudad, una pequeña capital de provincia donde con suerte llegaban los Lp’s de Maiden).

No sé cuanto tiempo tuvo que pasar pero al final gracias a mi querido amigo y camello musical Ricardo (un saludo allí donde quiera que estés) conseguí su siguiente álbum. El álbum vino desde Madrid donde el chaval viajaba con sus padres a menudo y nos surtía de las novedades.

Imaginations from the other side

Imaginations from the other side

Era un original en CD en edición especial digipack. Iluvatar nos había bendecido. “Imaginations from the other side” era el título de aquella maravilla. Las grandes góticas gualdas seguían allí, debajo de ellas se desplegaba la mejor portada de disco que jamás había visto y que dentro de su género y en mi opinión aún no ha sido superada. Representa el marco bellamente tallado de un espejo de sobremesa pero en vez de reflejar se abre como en el cuento de Lewis Carroll, a un mundo estéril de rocas escarpadas y ruinas que no puede ser otro lugar que Mordor. En el centro y en primer plano flotando en el éter, una especie de guitarra en la que se enredaban tres pequeños dragones. El espectáculo no terminaba allí, pues la contraportada era si cabe, aún más espectacular. Cuando la miras el genial dibujante Andreas Marschall te sitúa al otro lado del espejo completando de esta forma el guiño al título, pudiéndose ver la habitación de un bebé en la noche iluminada por una luna que siluetea la inquietante figura de un juglar que al parecer está tocando un instrumento sospechosamente parecido al que aparecía en la portada. Para redondear la escena, la cola de uno de los dragones cuelga de la parte inferior derecha del marco indicando que aquel bichito acababa de cruzar desde el otro lado…

portadaAún conmocionado por aquel despliegue de imaginación bajé al coche de mi padre, pues era el reproductor que me quedaba más a mano y para qué negarlo, con miedo a que mis expectativas fueran defraudadas. Pulsé play. Sentado en el SEAT Toledo y en la oscuridad del garaje comencé a oír un rumor, como de viento, no, era algo más corpóreo que me puso la piel de gallina y entonces dieron comienzo a las hostilidades.

Un batería sólida, potente marca el paso a dos guitarras que parecen tomar aire, unos pocos compases y después el Armagedón se despliega. Las guitarras se afilan y aceleran, los pedales del doble bombo empiezan a humear y junto con el bajo las acompañan en esa carrera endiablada. De repente entre aquella marabunta sónica una voz rota y potente sale para tomar el control de sus huestes. La música salía por los altavoces ocultos en el salpicadero y las puertas del coche. Los conos vibraban como sorprendidos, aquella no era la música que ellos estaban acostumbrados a reproducir, aquella música le exigía más, mucho más. Yo ya no estaba allí, cabalgaba junto con los Rohirrin a la caza de una horda de Uruk Hai por las estepas de Rohan.

Mis expectativas, no sólo se habían cumplido, si no que habían sido superadas con creces. Aquel disco se convirtió en mi Santo Grial, porque lamentablemente sólo fue un préstamo y no estaría conmigo por mucho tiempo más. No tardé en procurarme una copia en una cinta de las “buenas” (de cromo), pero deseaba tenerlo, quería tener ese disco con sus maravillosas ilustraciones y me lancé a su búsqueda, además por su puesto de cualquier otro material de esa fantástica banda que había descubierto…

Si os cuento todo esto, queridos Viajeros del futuro es para de alguna forma haceros participes de las sensaciones que aquel pedazo de plástico me procuró y que ahora regurgito con gusto. De cómo la mente de un adolescente encontró reflejadas aquellas historias fantásticas de los libros que leía en una música épica y estimulante como ellas. Que no era un bicho raro y que “sólo leía tonterías”… que más jóvenes, incluso a miles de kilómetros compartían mis inquietudes y no sólo eso, además les hacían canciones conjugando de esta forma mis dos grandes pasiones. Que se había establecido una relación de feedback entre música y literatura, que animaba a leer a quien escuchaba esa música y viceversa. Por eso os animo a que los oigáis por que si os emocionaron de El Simarillon o Elric de Melniboné, o simplemente os gusta el metal con tintes épicos, no dejéis de darles una escucha, pues os conducirán a lugares donde sólo la imaginación puede llegar.

Anuncios