PEPITAS DE ORO CINÉFILAS (PARTE I)

Vengo a reivindicar la importancia de la pepita de oro cinematográfica, esos momentos breves (tanto que no pueden ni considerarse escenas) pero geniales y cargados de verdad, aunque no puedo afirmar con seguridad si estos destellos de brillantez son voluntarios o involuntarios. La verdad, tampoco importa demasiado, ya que esa incertidumbre convierte a estos breves e intrascendentes momentos en piezas aún más bellas.

Quería dedicar un artículo a cada una de las pepitas de oro ocultas entre minutos y minutos de metraje que he encontrado a lo largo de mis años de cinefagia, pero no me veo capacitado como para hablar de forma extensa acerca de tan breves momentos, por muy hermosos, locos o peculiares que sean, así que prefiero recopilar varios de ellos y si de aquí a un tiempo encuentro más, hacer una segunda antología.

¿Disparar a un ser humano? (Carrera con el Diablo, 1975)

Cartel de la película

Cartel de la película

Hay un momento en esta película que pasé por alto en los primeros visionados, pero el otro día, tras volver a verla, me percaté de él. Es un instante de apenas unos segundos, poco más que una mirada, pero me pareció una muestra de verosimilitud abrumadora.

En la recta final de la película, cuando los protagonistas huyen en su caravana mientras son perseguidos por una banda de sectarios satánicos, Warren Oates, al volante, le dice a Peter Fonda que coja la escopeta que compraron y se líe a tiros, ya que los sectarios están a punto de abordar la caravana y colarse dentro.

Durante todo el metraje anterior, la relación que los protagonistas tenían con dichos sectarios era puramente paranoica, ya que ni siquiera podían afirmar con seguridad estar siendo acosados, pero llegados a este punto todo se ha desmadrado, las cosas se han puestos muy feas y los sectarios están atacando la caravana de los protagonistas con toda la mala leche del mundo y poniendo a nuestros héroes en peligro de muerte.

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Aunque no muy guapo, es humano!

Cuando Warren Oates le pide a Peter Fonda que empiece a disparar, éste duda durante unos segundos, como pensando vale, las cosas no pueden estar más feas…, pero ¿me estás diciendo que tengo que dispararle a un ser humano? Por favor, soy un simple urbanita, ¿cómo voy a poder apuntar a una persona y meterle un cartuchazo en el pecho?

Hasta ese momento había mal rollo en el ambiente, pero la cosa no llegaba al punto de tener que pegarle un tiro a alguien para salvar la vida, y ahí es, justo en ese instante, cuando Peter Fonda choca de cara con la dura realidad: Chaval, te toca dispararle a un ser humano.

No sé a vosotros, pero a mí me pareció un momento bellísimo y un detalle moral y ético que nunca se tiene en cuenta en este tipo de películas. De repente se mandan al carajo los convencionalismos del cine, porque, efectivamente, estamos acostumbrados a ver personajes con una facilidad pasmosa para disparar y matar personas, pero en la realidad sabemos que no sería nada fácil por muy en peligro que estemos. Por supuesto que nos defenderíamos en caso necesario, pero no me digáis que podríais dispararle a una persona con total indiferencia. Aunque vuestro atacante pretenda mataros, seguro que antes de apretar el gatillo dudaríais un instante a la vez que previsualizáis mentalmente los desagradables daños causados por esa bala y la vida que vais a arrebatar. Os dais cuenta de que con ese acto, por muy en defensa propia que sea, vais a perder la poca inocencia que os quedaba. Podréis decir que habéis matado a una persona, y eso cuesta asimilarlo.

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¿Lo hago o no lo hago?

Generalmente en el cine, cuando el héroe coge un arma dispara a otros individuos fácilmente y sin pensar, como si fuese algo mecánico y no supusiese el más mínimo dilema moral. En Carrera con el Diablo, Peter Fonda coge la escopeta y sabe que ha de usarla para salir vivo de allí, pero durante un momento, como el ser humano racional que es, duda y es consciente de que no va a ser fácil matar a una persona por muy en peligro que esté poniendo su vida.

Vale, quizá cuando vaya a matar a un segundo tipo se lo tome con más calma y no lo piense tanto, pero creo que es lícito dudar con el primero y tener que mentalizarse de lo que va a hacer, porque por muy dramática que sea la situación,  no debe ser fácil matar a una persona si estás mentalmente sano.

En resumen: Me parece muy acertado que una película tenga en cuenta ese momento de duda y miedo, especialmente tratándose de un filme bastante poco serio y muy desenfadado.

Y en otro orden de cosas, ¿recordáis cuando al principio del artículo os dije que no me iba a enrollar demasiado con estas breves genialidades cinéfilas? Pues os mentí, aunque yo mismo me he sorprendido al darme cuenta del rollo que he soltado sobre una simple nimiedad, cuando en un principio creí que no daría para más de seis o siete líneas. Esto significa que no voy a alargar más el artículo, ya que, además de no querer encasquetaros un tocho de proporciones bíblicas, tengo que reservar ideas para los siguientes artículos que escriba.

Soy así de miserable y rastrero, perdonadme.

Continuará…

 

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