SALIDAS DE TIESTO

Una de las funciones del cine es entretener y hacer pasar un buen rato al espectador, sin embargo el entretenimiento no lo es todo. De hecho, el entretenimiento, esa capacidad que puede tener una película para lograr que al espectador dos horas le parezcan cuarenta y cinco minutos, puede no servir para nada si no se poseen también las herramientas para sorprender y hacer vibrar.

En ocasiones vemos una película y nos lo pasamos genial con ella porque es entretenida y hay tiros y muchas explosiones, y eso es lo que estamos buscando, así que nos damos por satisfechos; pero otras veces queremos que vayan más allá, y que, a la vez que nos entretienen, nos metan una polla en el cerebro y batan la masa encefálica con saña hasta que chorree por nuestra nariz. Pocas cosas hay más gratificantes en la vida como ver una buena película que, además de entretenernos, nos deje con la boca abierta, aunque esto suponga un riesgo enorme, ya que nos pueden dejar con la boca abierta para bien o para mal (las sorpresas no siempre son agradables), y aquí es donde llegan los giros de guión radicales y las sorpresas descabelladas en las que se apuesta por el todo o nada, arriesgando y poniendo la carne en el asador. Esas salidas de tiesto que convierten a la película en otra cosa, que introducen un género nuevo de un minuto a otro y que pueden cargarse todo lo que hemos visto hasta el momento, hasta esa escena concreta en la que el guionista decidió cambiar el café por absenta con redbull, a ver qué pasaba. Ese momento decisivo y chiflado en el que el espectador se enamora de la película o directamente la quita y la maldice, sin término medio.

 

Ojo, que a partir de aquí hay SPOILERS sin piedad.

 

1

¿Es un ovni? ¿es un avión? Superman sabemos que no

Se me viene a la cabeza el final de la maravillosa Kiss Me Deadly, ese clásico del cine negro de 1955 en el que se nos narra las aventuras del detective Hammer, quien se verá involucrado en una peligrosa trama relacionada con una misteriosa caja. Pero, ¿qué hay en la caja? El objeto aparece hacia el final de la película, pero en ningún momento se nos llega a explicar qué hay dentro. Sí que se nos dan algunas pistas, aunque lejos de aclararnos las dudas, las enturbian aún más.

El primer contacto que tenemos con la caja es cuando Hammer la encuentra y, lógicamente, trata de abrirla (Mucha gente ha muerto por esa caja, de modo que no hay más remedio que averiguar qué puñetas hay dentro). El resultado se traduce en un rugido, una luz cegadora y un calor abrasador procedente de su interior, lo que hace que el detective cierre la caja rápidamente sin permitirnos llegar a ver lo que hay dentro, puesto que no lo llega a ver ni él.

El último contacto que tenemos con la caja es en la secuencia final, cuando la chica mala se deja arrastrar por la curiosidad y la abre sin pensárselo dos veces. ¿El resultado? De nuevo ese alarido aterrador, esa luz inmensa y una potente energía que hace que la chica, literalmente, se eche a arder y la casa en la que se encuentra explote.

Hemos pasado de una típica película de detectives a un filme de ciencia ficción, ¡y casi sin darnos cuenta! Los elementos fantásticos están perfectamente introducidos y fusionados con la trama, de ahí que, en vez de desentonar y chirriar, logren un resultado misterioso y enigmático que, pese a no casar con lo que hemos visto durante la hora y cuarto anterior, sean recibidos con un aplauso.

 

2

Y si me está viendo por el ordenador… por qué no me salva?

Un caso muy similar al de Kiss Me Deadly es el de Open Windows, el thriller de Nacho Vigalondo en el que se nos plantea una historia al más puro estilo de Brian de Palma, Darío Argento o Alfred Hitchcock, siendo la mayor de sus bazas su originalidad narrativa (toda la película está contada a través de un monitor de ordenador), puesto que la historia, aun siendo apasionante, no cuenta nada que no hayamos visto ya en otras películas (héroe, chica en apuros, psicópata y hackers). Sin embargo es hacia su recta final cuando empieza a salirse del tiesto (para bien) y a bombardearnos con una tralla de giros de guión imposibles y enrevesados. Tanto es así que llega a un punto en el que la historia colapsa y, de ser un thriller criminal, pasa a convertirse en una suerte de película de ciencia ficción con tintes súper heroicos. La película muta de forma radical y valiente, puesto que a partir del momento en el que empiezan las triquiñuelas los espectadores se alinean a favor o en contra, pudiendo llegar a estar muy en contra incluso aquellos que hasta ese momento han disfrutado de la película.

 

3

Me siento como un náufrago, esta caja será mi Wilson?

Y por último se me ocurre mencionar la recta final de la genial Barton Fink, donde de nuevo la película da una bofetada al espectador para que sea consciente de que a veces las sorpresas llegan de donde menos imaginas.

Barton Fink, la historia de un guionista con un estilo muy personal metido en el aterrador mundo de Hollywood y sus normas (queremos que tu guión tenga el toque Fink, pero a la vez queremos que hagas una película puramente comercial… así que no seas demasiado tú), es el fiel reflejo de lo que ocurre cuando un director o guionista independiente pega el pelotazo y Hollywood se interesa por él. Cuando un director/guionista de este tipo se introduce en Hollywood, lo hace porque Hollywood se ha interesado por su obra más personal, sin embargo la paradoja está en que cuando este director/guionista empieza a trabajar en un gran estudio (sí, ese que lo ha llamado porque le gusta lo que hace), debe amoldarse, acatar las normas y, en definitiva, dejar de tener ese estilo propio que, irónicamente, fue lo que le hizo introducirse en Holywood. O dicho de otra forma: ¿Para qué demonios lo llamáis entonces?

Barton Fink, el protagonista que da nombre a la película, es víctima de la presión y de las altísimas expectativas que levanta, por lo tanto el miedo a decepcionar es constante y pesa sobre su cabeza. ¿Es eso lo que desencadena el INFIERNO final al que asistimos en la película? Porque, de nuevo, la recta final del filme es una salida de tiesto que deja al espectador con los ojos como platos, sin saber muy bien qué está ocurriendo. Lo único que puede saberse a ciencia cierta es que una comedia más o menos costumbrista se ha transformado en algo extraño con fuego sobrenatural, muertes, disparos y… ¡cajas misteriosas otra vez!

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