FAHRENHEIT 451

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No sé si tu civilización aprecia tanto como la mía el arte, la cultura, la filosofía y la imaginación. Aunque tengo la sensación, estimado Visitante del Futuro, que si estás, tal y como imagino, leyendo con avidez nuestro archivo secreto, seguramente amaréis los libros tanto como algunos de nosotros.

Durante el tiempo que me ha tocado vivir, presiento que estamos al borde del cataclismo social, y uno de los síntomas que me llevan a pensar esto es la profunda crisis que sufre el sector editorial. La gente ya casi no lee libros, las estadísticas sobre los hábitos de lectura son muy preocupantes. En España leemos una media de ocho libros al año, cuando lo normal serían unos veinte; y siete de cada diez jóvenes dice no leer nada.

Ray Bradbury

Ray Bradbury

Así que, preocupada, me siento casi obligada a hablar hoy de un libro que todos deberíamos tener en nuestra mesita. Se trata de Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Esta novela corta, escrita en 1953 por el autor de Crónicas Marcianas, plantea una distopía alarmante y apocalíptica, que hoy es de rabiosa actualidad por su asombrosa clarividencia. Bradbury fue un visionario, que asustado, clamó por evitar la idiotización de las masas a través de la televisión (empiezo a parecerme al Hermano Dinh Cuerdo), y para ello planteó una trama futurista en la que todo parece absurdo desde un punto de vista superficial.

El título hace referencia a la temperatura en la escala de Fahrenheit (°F) a la que el papel de los libros se inflama y arde, equivalente a 233 ºC. El cuerpo de bomberos de este país imaginario tiene bordado en sus camisas este número junto a una salamandra en llamas. Las casas ya no arden porque son ignífugas, así que su función no es apagar incendios, sino provocarlos. En lugar de extintores emplean lanzallamas, porque su trabajo consiste en quemar libros, en reducir a cenizas hasta la última página impresa que caiga en sus manos. Auxiliados por un Sabueso Mecánico (armado con una letal inyección hipodérmica y escoltado por helicópteros), rastrean y eliminan a los disidentes que conservan y leen libros. Son una nueva clase de policía política, consagrada a la destrucción del patrimonio literario de la humanidad, para así proteger el Nuevo Orden imperante.

Sabueso Mecánico

Sabueso Mecánico

En esta sociedad los libros y la lectura están proscritos, impera el culto al hedonismo y los poderes públicos persiguen a todos los que, en secreto, leen libros. Hay que ser feliz por decreto, pero debe ser una felicidad vacía, implantada en los cerebros de las masas a través, sobre todo, de la televisión. La filosofía imperante es que la literatura hace sentir, y por lo tanto hace pensar y dudar. La literatura atrae la tristeza, y todo el mundo quiere ser feliz, así que eso se consigue dándole a la sociedad sólo ocio inmediato, que no suponga esfuerzo ni capacidad para plantearse otros tipos de pensamientos.

"Los libros causan pensamientos peligrosos"

“Los libros causan pensamientos peligrosos”

Todo el mundo tiene en sus casas una televisión mural, que ocupa una o varias paredes, creando un efecto en tres dimensiones. Además, casi todos llevan unos auriculares que transmiten a todas horas una insípida corriente de música y noticias.

Pero un Estado que busca sólo la felicidad de sus habitantes, y coarta su capacidad de pensar, algo esconde… de vez en cuando se oye en el cielo un rugir de motores que parece partir el cielo en dos. La gente sabe que son aviones de guerra, porque el país siempre está implicado en guerras lejanas que duran unos pocos días. Nadie se preocupa por ello, nunca se tienen noticias de que nadie muera en esas guerras, que son necesarias para salvaguardar el bienestar reinante. Los informativos, totalmente manipulados, nunca dan noticias desagradables acerca de este tema, así que nadie mira al cielo ni se pregunta el porqué de esas guerras.

El protagonista de la historia es Guy Montag, un convencido bombero, que disfruta destruyendo todo aquello que alguna vez nos hizo mejores como especie. Sin embargo, a pesar del sutil pero continuo lavado de cerebro a que es sometida la gente por medio de la televisión, Montag se hace preguntas y alberga en lo más íntimo de su ser terribles dudas sobre esa sociedad, aparentemente feliz, a la que sirve. Esas dudas se ven reflejadas el día que conoce a Clarisse McClellan, una jovencita inocente cuya educación ha sido libre de aborregamientos propagandísticos. Ambos se encuentran cada noche mientras pasean desde el tren hasta sus casas, y ella le induce a pensar por sí mismo, a cuestionarse todo lo que compone su acomodada vida, junto a una esposa totalmente abducida por el sistema y por las drogas.

fahrenheit_451_by_zetsubouzed-d7cknoxHasta que llega el momento en que durante un servicio, acude a un incendio en el que había que quemar una casa de una mujer anciana que tenía una biblioteca. Antes de echar el petróleo, Montag toma un libro y se lo lleva escondido. La anciana no sólo rehúsa salir de su casa, sino que es ella misma quien le prende fuego con una cerilla. Esto impacta más a nuestro protagonista y le hace pensar en cuánto han de valer los ideales por los que lucha aquella gente, cosa que aumenta su curiosidad. Ese hecho marcará su vida para siempre. Porque desde el momento en que comience a leer, furtivamente, con miedo, pero cada vez con más ansia, Montag ya no volverá a ser el mismo.

Poco a poco el bombero se va dando cuenta que la felicidad que creía tener era ficticia, que los libros no dan la felicidad, pero que la búsqueda de la verdad es más importante que todo lo demás. Cuando decide enfrentarse al sistema, todo se complica y la única salida que le queda es la huida hacia ningún lugar, en busca de más personas como él. Después de acompañar a Montag en su peligrosa aventura, nos encontramos con un final apocalíptico y, aunque vagamente previsible, absolutamente sorprendente.

Esta novela es como un buen vino, con los años se hace más valiosa y se hace más necesaria su lectura. Acongoja darse cuenta de que Bradbury adivinó el mundo que nos esperaba más allá del siglo XXI. El mundo descrito por el autor ya casi es una realidad, al menos en países desarrollados como el nuestro. La televisión nos ofrece un abanico de programas y series para hacernos más dóciles y receptivos a las ideas “modernas y progresistas” que nos bombardean constantemente. Además, la posibilidad de obtener toda esa información al alcance de la mano, a través de nuestros Smartphones, nos está impidiendo ver con nuestros propios ojos el mundo que tenemos alrededor. Como en el libro, permanecemos absortos frente a un sinfín de acontecimientos tremebundos que nos van dejando paralizados y sin capacidad de reacción.

Escena de la anciana inmolándose con sus libros, en la película de Francois Truffaut

Escena de la anciana inmolándose con sus libros, en la película de Francois Truffaut

La única diferencia de nuestra realidad actual con el universo de Bradbury, es que la quema de libros hoy en día es muy sutil. No necesitamos ya a nadie que nos persiga y queme nuestros libros, directamente los estamos haciendo desaparecer de nuestras vidas, a cambio de un montón de contenidos basura que ocupan espacio y tiempo en nuestros atrofiados cerebros.

Ojalá, querido visitante del futuro, cuando leas esto sueltes una carcajada por mi craso error. Ojalá ganemos la batalla aquellos que nos resistimos día a día a entrar en esa rueda sinfín de falta de criterio y librepensamiento. Ojalá el mundo tal y como ahora lo conocemos se acabe por otras razones, y no por nuestra propia estupidez. Ojalá…

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