EL MISTERIO DE ANJIKUNI

Hoy voy a plantear lo que, para mí, es un enigma sin resolver. Ni le doy crédito, ni le dejo de dar… simplemente pienso que tiene una base de verdad, y ya sólo por eso merece la pena investigar y hablar sobre ello. Seguramente haya llegado a nuestros días adornado o exagerado, pero no por ello deja de ser menos interesante.

Hace tiempo que la humanidad se preocupa por la desaparición del Casco Polar, debido al calentamiento global y el cambio climático. Si esto llegara a ocurrir, no sólo sería una catástrofe medioambiental, sino que miles de pueblos desaparecerían o quedarían desterrados lejos de su hogar. Me refiero a los pueblos inuit (tradicionalmente llamados en occidente esquimales). El enigma que hoy voy a plantear se alza como una especie de metáfora de lo que está a punto de ocurrir en el Ártico. Sucedió en 1930, pero las ONG’s en defensa del medio ambiente, lo ven como una especie de ejemplo de lo que podría ocurrir en unos años con el resto de pueblos asentados en esta latitud.

Lago Anjikuni

Lago Anjikuni

Junto al lago Anjikuni (también escrito Angikuni) a orillas del río Kazan en la región de Nunavut (Canadá), estableció su campamento permanente un pueblo inuit; era un lugar idóneo por la abundante pesca del lago y, además, su costa rocosa les servía de refugio. La mitología de este pueblo estaba repleta de leyendas de espíritus del bosque y animales dañinos, historias fascinantes que no pueden superar al terrible misterio y a la polémica que rodea a la desaparición colectiva de los habitantes de aquel campamento.

En noviembre de 1930, el cazador Joe Labelle, en una de sus incursiones en la zona, decidió buscar refugio y algo de alimento en este núcleo rural, donde al parecer ya había estado alguna vez. Las cifras sobre el número de habitantes que vivían en esta zona es variable según la versión, oscilando los cálculos entre 30 y 1200 personas. El caso es que cuando este hombre llegó al lugar en el que debía haber una actividad constante y ruidosa, empezó a temer que algo raro ocurría. El silencio más absoluto lo cubría todo, y no se veía a nadie…

Campamento inuit

Campamento inuit

Se adentró en el poblado buscando a cualquier persona que le explicara a qué se debía aquel vacío. No encontró ni un alma, parecía como si todos hubieran abandonado sus quehaceres diarios de repente, sin reparar en nada. Encontró las casas abiertas, las mesas puestas, la comida sobre los fuegos bajos en algún caso todavía humeantes, las armas de los cazadores apoyadas sobre las puertas, y las raquetas para andar sobre la nieve a la entrada de cada hogar. Era evidente que habían abandonado el lugar de forma precipitada y sin dejar rastro. No había señal alguna de vida ni signos de violencia. Los kayaks se encontraban amarrados y tampoco había huellas de pisadas ni de trineos en la nieve que indicaran un éxodo masivo. No había cuerpos, notas manuscritas, ni señales que indicaran dónde estaban los inuit o por qué habían abandonado el lugar dejando todo atrás.

¿Dónde estaban?

¿Dónde estaban?

Asustado y después de buscar alguna prueba en los alrededores, Labelle volvió tras sus pasos para enviar un telegrama a la Policía Montada de Canadá y contarles lo ocurrido. A la zona acudieron rastreadores de este cuerpo policial, pero no encontraron nada. De hecho lo único que descubrieron fueron dos hallazgos, cuando menos bastante macabros. Debajo de un montículo de nieve, encontraron los cadáveres de los perros todavía atados. Algunas versiones hablan que murieron de hambre, otras que los animales se devoraron mutuamente por falta de alimento. El caso es que, los perros son sagrados para los inuit, porque son su medio de transporte, ya que son los que tiran de los trineos. Así que es harto extraño que los abandonaran. El otro hallazgo es más extraño, si cabe. Cuando llegaron al cementerio, encontraron las tumbas abiertas y dentro no había ningún cadáver. Se habían llevado a sus muertos, algo impensable ya que, para estos pueblos, eso sería el mayor de los sacrilegios.

Otro suceso extraño más o menos coetáneo es el que protagonizaron el cazador Armand Laurent y sus dos hijos. Dos miembros de la Policía Montada que iban camino del lago Anjikuni, se refugiaron en la cabaña de Laurent en busca de abrigo. Cuando comentaron que iban a intentar resolver “un pequeño problema” en el lago, el cazador les mencionó que hacía unos días habían visto una extraña luz verde que cruzaba el cielo septentrional. Al parecer, la luz cambiaba de forma por momentos, siendo a veces cilíndrica y a veces ovoidea. Nada más mencionaron los policías, ni siquiera nadie volvió a tomar declaración a estos hombres. Seguramente porque es una zona propicia para las auroras boreales, y oficialmente se debió tomar como eso. ¿Casualidad que se viera aquella luz justo cuando desapareció el poblado inuit?

Aurora boreal sobre Canadá

Aurora boreal sobre Canadá

Mil preguntas, un misterio y ninguna pista que seguir. Se ordenaron búsquedas masivas por todo el territorio, y se interrogó a pobladores de campamentos vecinos, pero nadie sabía nada. Después de dos semanas de investigación, la Policía Montada se hallaba en un punto muerto, así que se decidió cerrar el caso con una dudosa conclusión: los aldeanos habían abandonado el pueblo dos meses antes de la llegada de Labelle. Algo bastante incomprensible, siendo que se encontraron los fuegos para hacer la comida encendidos, casi convertidos en rescoldos humeantes.

Titulares del reportaje

Titulares del reportaje

La historia fue publicada en tres periódicos canadienses en noviembre de 1930: primero en “Le Pas Manitoba” y “Bee Danville” y unos días después en el más sensacionalista, el “Halifax Herald”, que incluía un impactante reportaje a Labelle:

Nada más llegar me di cuenta de que algo ocurría […] Platos medio cocinados, se habían visto sorprendidos en mitad de la cena. En cada cabaña, me encontré con un rifle apoyado junto a la puerta y los inuit no van a ninguna parte sin su arma…

Luego la agencia de noticias Newspaper Association se encargó de difundir por toda América del Norte el evento, promocionado como el más grande misterio sin resolver investigado por la Policía Montada.

Frank Edwards

Frank Edwards

Casi 30 años más tarde, en 1959, el caso se hizo mundialmente famoso gracias al ufólogo Frank Edwards, al incluirlo en su libro “Más Extraño Que La Ciencia”. Gracias a él, esta historia ha llegado hasta nuestros días, de forma más o menos completa y fidedigna. Hasta que se reabrió la polémica con el crecimiento del uso de las tecnologías de información. Recientemente en la web de la Policía Montada de Canadá, se desmentía rotundamente lo escrito por Edwards, acusándolo de inventar toda la historia y negando que tal evento se haya producido nunca:

No hay evidencia para apoyar esa historia. Un pueblo con una población tan grande (Edwards había reportado falazmente más de 1.000 habitantes) no habría podido existir en un área tan remota de los Territorios del Noroeste (62 grados de latitud norte y 100 grados oeste, a unos 100 km al oeste de Point esquimal). Por otra parte, la Policía Montada que patrullaba la zona no registró eventos adversos de ningún tipo y tampoco lo hicieron los cazadores locales o misioneros.

Policía Montada de Canadá

Policía Montada de Canadá

Cierto es que el número de pobladores parece exagerado, ya que aquellos campamentos tenían alrededor de 30 habitantes (aunque en mi opinión, si tenía carácter permanente, habrían sido algunos más). Pero una respuesta tan tardía y rotunda, resulta a mi entender bastante absurda y exagerada. Hay una prueba clara de la existencia de este enigma, que es la publicación por los tres periódicos locales del hecho en 1930, estando documentada la intervención policial en dichos artículos, algo que no fue nunca oficialmente desmentido.

¿Estamos ante un hecho real, y verdadero misterio? ¿O se trata simplemente de una leyenda urbana, alimentada por frikis especialmente crédulos? Hoy por hoy no es posible determinarlo a ciencia cierta, aunque no dejo de pensar en todas esas leyendas urbanas que con el tiempo han sido confirmadas como tremendas realidades. Así que simplemente voy a concluir con un típico refrán español: “Cuando el río suena, es que agua lleva”.

Lean, investiguen, y saquen sus propias conclusiones.

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