PEPITAS DE ORO CINÉFILAS (Parte II)

Volvemos con las pepitas de oro cinéfilas, y espero que en esta ocasión la cosa no se me vaya de las manos como la otra vez, ya que me gustaría abordar varias de estas chorraditas intrascendentes que sólo me importan a mí.

 

La inútil caída del muro (300)

Me gustaría empezar por un momento que siempre me ha hecho mucha gracia por la seriedad con la que está planteado. Me refiero a una secuencia absurdamente épica de la película 300, de Zack Snyder, en la que los espartanos, tratando de hacer frente al terrible ejército persa, construyen un muro a base de cadáveres enemigos.

Si además de buenos guerreros, iban para arquitectos!

Si además de buenos guerreros, iban para arquitectos!

Hasta aquí todo bien, ya que podría considerarse parte de las tácticas de guerra psicológica que los espartanos, a causa de su inferioridad numérica, debían manejar para plantar cara al enemigo, pero no, no es sólo guerra psicológica, sino que el muro de muertos tiene como función aplastar enemigos; es decir, cuando éstos se acercan, los espartanos, ocultos tras el muro, empujan para que la macabra construcción caiga sobre los persas y mueran aplastados. Bien, todo bien.

La secuencia transcurre en la misma línea que el resto de la película, de forma épica y heroica, pero algo sale mal. Joder, resulta que el muro de cadáveres, esa puñetera construcción en la que los espartanos habrán empleado buena parte de sus fuerzas, cae sobre un único soldado enemigo. ¿Tanto lío para eso? La situación se vuelve aún más descacharrante cuando descubrimos que, para colmo, el soldado sepultado bajo el montón de cadáveres no está muerto y ha de ser rematado por los espartanos. ¿Pero qué es esto? Y encima la película sigue como si nada, con dos cojones. A pesar de que estamos presenciando una monumental cagada por parte de los protagonistas, la música épica sigue sonando a todo trapo y la cámara lenta realzando cada espadazo y cada golpe de escudo, como si los espartanos estuviesen haciendo bien las cosas. ¡Parad la música, dejad ya el tono épico! ¡Todo está saliendo mal y nadie se ha dado cuenta!

Es un momento genial porque, en el fondo, es la orgullosa celebración de la metedura de pata. Están haciendo una tontería con eso del muro, sí, y se han pasado de listos, también, pero que suene la música épica, maldita sea, así adornan el fracaso con la cabeza bien alta. El orgullo ante todo, que están arriesgando la vida por la patria.

Es como ir a la guerra y ponerte una camisa roja para que no se noten las manchas de sangre de las heridas, ¿no? Te estás muriendo, pero que nadie se entere.

 

Corrupción policial descarada (Arma Letal)

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Habla ahora o calla para siempre

Las palizas a criminales por parte de la policía se suelen llevar a cabo en la intimidad de los despachos y con las cámaras de seguridad desconectadas, pero en Arma Letal no, ahí van a por todas.

En la recta final de la película, cuando los protagonistas por fin han arrinconado al villano y sólo queda esposarlo, deciden liarse a palos con él como si aquello fuese una sucia pelea de bar. Y mientras, el resto de los policías gritan apoyando a sus compañeros. ¿Pero qué es eso? ¿Dónde está la profesionalidad y la ética? ¡Y encima lo hacen en plena calle!

 

El viejo está desubicado (Sin Perdón)

Hay un momento, ya casi al final de la película, en la que un personaje, no recuerdo quién, le dice a Clint Eastwood que han capturado a su amigo de camino a casa y le han dado una buena tunda de hostias. Clint, sorprendido y aterrado, pregunta: ¿Pero quién podría hacerle daño? (O algo así).

No a las armas, sí a las ovejas!

No a las armas, sí a las ovejas!

Lo gracioso de este momento es que, como el personaje de Clint es un asesino a sueldo que lleva muchos años alejado de las armas y la violencia, y dedicando su tranquila vida a cuidar de su granja, no es de extrañar que haya perdido el norte y ya no sepa ni dónde demonios vive, de ahí que pregunte semejante estupidez. ¡El tío se extraña de que le hayan hecho daño a su amigo! ¡UNA PERSONA QUE VIVE EN EL SALVAJE OESTE! Pero si ahí lo raro es que no intenten matarte un mínimo de cinco veces al día, campeón.

Como decía Seth McFarlane en Mil maneras de morder el polvo, en el oeste, todo lo que no seas tú quiere matarte.

¡Ay, Clint!

 

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