FUCKING AMELIA

pettingNada más sumergirme en el canalillo de Amelia, me embriagó el olor a mezcla de sudor, crema hidratante y perfume. Saqué torpemente la lengua con objeto de salpimentar el instante, pero reparé en que babearle las tetas en el momento 0’5 de nuestro rollo quizás no era la mejor estrategia. Bajé mis manos desde las suculentas caderas hasta su turgente culo y masajeé sus nalgas hacia los lados. Ella se rio, nerviosa y bastante borracha. Pasé a mordisquearle el lóbulo de la oreja derecha, y luego separé mi cabeza por un segundo para comprobar su aceptación mirándola a los ojos. Brillaban como ónices.

La empujé sin mucho miramiento hacia la puerta del baño de la discoteca, luego dentro y entonces cerré la puerta. La luz era tenue y aterciopelada, como una noche de verano presta a envolvernos en su seno.

Mis manos entraron por el frontal de su pantalón mientras rozabapareja7 mi masculinidad enhiesta contra su trasero. Quizás si escribiese que la puse a caldo mientras rozaba mi paquete a punta de explotar contra su culo, creo que se entendería mejor, pero me gusta como ha quedado.

Abrí el botón de sus vaqueros. Ella me ayudó a bajarlos hasta sus tobillos y a sacarse una de las perneras. En el gesto se llevó las bragas. Yo estaba algo nervioso y casi me caigo al quitarme mis pantalones, pero pese a las copas de más y a mi habitual agilidad de pato mareado, conseguí quedarme casi en pelotas. No pensé en la superficie húmeda del cuarto de baño, ni en la procedencia de los líquidos sobre los que ahora se encontraba la pieza inferior de mi vestimenta.

Ella se sentó sobre la taza y yo me arrodillé sobre mis pantalones. Por lo menos no pegaría las rodillas a ese suelo de feria. Abrí sus zancas y me encontré con un buen coño frente a los ojos. Los labios bien formados, sin exceso de tejido, la entrada a la vagina del tamaño perfecto, el clítoris henchido en su justa medida. Una mezcla de rosas con toques caoba, una lubricación inicial más que tentadora. Capilarmente, muy cuidado. Un chumino tipo 8, notable alto.

Descubrí sus muslos depositando estratégicamente un dedo gordo cerca de su puerta trasera para crear un elemento de nerviosismo, con la palma de la izquierda acaricié el interior de su muslo y con la lengua jugueteé con una briza de vello púbico que se inclinaba hacia abajo. Luego metí un labio mayor entre mis labios bucales y lo sujeté con los dientes mientras dejaba escapar el aire caliente de mi expiración sobre la zona. Lentamente. Chupé unos segundos, lamí todo el exterior y luego introduje la punta de la lengua dentro de ella, que se arqueó mientras sujetaba mi nuca con su mano para meterme más en su interior. Mi apéndice se movió arriba ya abajo saboreando su flujo. Estaba deliciosa. Volví a sus cantos para vibrar los míos, acariciaba con una mano su bajo vientre, mi lengua cabalgaba su piel, le metí la punta del dedo menique en el culo.

Bny_IuICMAA6ytE.jpg-large-Sí, sí, sí- clamó ella. –¡Síiiiiiiiiiiii!- y la voz se le rompió mientras la pelvis temblaba arriba y abajo y su eyaculación, fresca como el rocío de la mañana, me salpicaba todo el rostro. Apretó las rodillas con las piernas convulsas, profiriendo un gemido suspirante.

– Amelia- le dije entonces- Desde aquella vez, en la fiesta de la paella de la que luego fue tu novia un tiempo, he sentido una gran pulsión erótica por ti. Vamos, que me has puesto muy palote. De hecho no he querido verte muy a menudo por eso mismo. Cada vez que pasaba un rato contigo, tenía que contenerme para no lanzarme sobre tus caderas como un león del Transvaal. Pero claro, mis dudas, mi situación personal y familiar, tus preferencias lésbicas…Tu piel es tan hermosa, y me encanta cuando dices lo de “to loco” y esas cos…

-Cállate y fóllame, joder. Vas a arruinarlo todo con tanta palabrería.

– Sí, sí, claro, ahora mismo, perdona.

Nadie aporreaba la puerta todavía. Fuera sonaba una canción de Russian Red.

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