EL PLACER DE SER TIMADO

Admito que estoy escribiendo este artículo a toda hostia, y reconozco que mientras tecleo estas palabras no estoy seguro sobre qué voy a hablar. Estoy improvisando, sí, qué puedo deciros.

Se me ocurre tirar de uno de los temas que tengo “archivados” para futuros artículos, pero como no ando sobrado de tiempo, y recurrir a uno de esos temas me supondría una hora y pico de redacción (soy de los que se enrolla, sí), prefiero parlotear sobre algo que pueda ventilarme de forma más breve y sin demasiados quebraderos de cabeza.

En el cine existen varias formas de tomar el pelo al espectador. Una de ellas es cuando los trailers y spots te venden algo que no es, con la terrible consecuencia de provocar que el espectador salga decepcionado y mosqueado del cine.

Otra forma de tomadura de pelo sería aquella que no es tal, la que injustamente se considera un timo. Me explico, a veces un espectador no entiende la película o va esperando encontrar otra cosa (incluso cuando los trailers son honestos y te venden justo lo que es), y con tal de no reconocer que la culpa es suya por no haber entendido un pimiento o por no haberse informado antes de entrar a la sala de cine, acusa a los creadores de la película de “haberle tomado el pelo”. Muchas veces confundimos el concepto “tomar el pelo” con “no habernos gustado la película”, y son dos cosas completamente diferentes que no hay que mezclar.

Pero existe una tercera forma de cachondearse del espectador. Un modo directo, claro y sin disimulos de ningún tipo. Se ríen de una forma tan descarada, y tal es la cara de imbécil que se te queda, que lo único que puedes hacer es entornar una sonrisa y aplaudir en la soledad de tu salón.

Para mí, esta forma de tomar el pelo al espectador no sólo es valiente, sino que además me merece toda la admiración del mundo. Se deja de manifiesto que el director/autor es un DIOS que hace con su película lo que cree oportuno, y eso incluye saltarse la lógica o mandar a paseo los aburridos convencionalismos. Cuando hablo de saltarse la lógica no me refiero a arruinar la coherencia de la historia que se está contando, sino saltarse a la torera lo que haga falta en pos de SU película, incluyendo las reglas más básicas de la física y el espacio/tiempo.

Haneke es un experto en esto. Os lo demuestro:

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En Funny Games, una de las víctimas logra coger una escopeta y matar a uno de los secuestradores. Acto seguido, el director, Haneke, nos devuelve a la realidad. Nos recuerda que aunque el personaje haya tenido un golpe de suerte y astucia que podría salvarle la vida, el que manda es él, y por eso hace que, para sorpresa de todos, el otro secuestrador coja un mando a distancia y REBOBINE la escena hasta un instante antes de que la mujer cogiese el arma, quitándosela de las manos y evitando así que su compañero se tiroteado. El plan sigue adelante contra todo pronóstico.

Como vemos, la lógica es mandada a paseo para dejar de manifiesto, aunque sea de una forma radical, forzada y absurda, que el director es el DIOS que gobierna en la película.

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Caché, posiblemente la película más enigmática y fascinante de Michael Haneke, se resuelve empleando un recurso narrativo tan atractivo como traicionero: a veces es más importante captar la atención del espectador que mostrar nada. Da igual que no poseas ningún as en la manga ni ninguna sorpresa que sacar a relucir siempre y cuando tengas en tus manos la total atención e interés por parte del espectador. El resto importa poco.

Caché termina con un interminable plano fijo colocado ahí a propósito, con la única intención de que el espectador, pobre iluso, clave la mirada en busca de alguna respuesta que aclare los misterios que la película ha ido mostrando a lo largo del metraje. Después de varios minutos, y después de haber logrado que el espectador se mantenga atento a un plano fijo que sólo muestra la salida de unos niños del colegio, no solo no nos aclaran una mierda, sino que además vemos que los créditos empiezan a emerger de la pantalla. Todo ha acabado y tú has estado expectante como un bobo, esperando una respuesta, un algo, lo que sea. Pero no ha habido nada, ¿y por qué? Porque has esperado que la película se resolviese de forma obvia y típica, pero Haneke ha hecho que comprendas algo: estás demasiado acostumbrado a los convencionalismos, de ahí esa sincera cara de imbécil que se te queda cuando termina la película. Esto último puede parecer una tontería, pero lograr que al espectador se le quede auténtica cara de gilipollas (no fingida, auténtica) es más difícil de lo que parece, y Caché lo consigue, por eso tiene todo mi respeto.

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