EL MATRIMONIO ARNOLFINI (y II). Simbolismo.

maDurante toda la historia del cuadro El matrimonio Arnolfini, su significado ha sido objeto de diversas disquisiciones, algunas bastante descabelladas. Pero en 1934 Panofsky publicó una interpretación “redonda”, no cuestionada prácticamente hasta nuestros días. Si lo que vemos en la escena representada es una pareja, un hogar, unos testigos reflejados en el espejo del fondo, y una inscripción en la pared que testifica que el pintor estuvo allí, la conclusión más factible parecía ser que el cuadro fuera un acta testifical de un matrimonio celebrado casi en secreto (aunque válido según las leyes del siglo XV en Brujas, ya que era suficiente hacer los votos ante dos testigos). Además, por el nombre de esta pintura, se ha dado por cierto durante años que las personas dibujadas eran Giovanni di Arrigo Arnolfini y Giovanna Cenami. Él fue un rico comerciante italiano afincado en Brujas, donde desempeñó cargos de importancia en la corte de Felipe el Bueno, duque de Borgoña. Ella era hija de una acaudalada familia italiana que vivía en París.

Pero esta teoría tiene bastantes puntos flacos. Giovanna Cenami provenía de mejor familia que Arnolfini, fue un matrimonio concertado con todos los beneplácitos de las dos familias y de la comunidad italiana residente en Brujas. ¿Por qué un matrimonio secreto con dos testigos tal como refleja la firma y el espejo? 

Por otro lado, Giovanna jamás tuvo hijos, y su marido, un hombre adineradísimo que gustaba de ostentación y del buen parecer de la época, fue públicamente acusado de adulterio. Según Panofsky, estamos ante un cuadro testifical pero alegórico, una declaración de intenciones sobre «lo que debería ser el matrimonio» con juramento y firma real de por medio.

También hay quien pone en duda el embarazo de la señora Arnolfini, y se afirma que era el corpiño de la época o el pliegue de la ropa al recogerse así en el vientre a la mod. Sin embargo, hay varios datos que nos hacen dudar:

ANUNCIACIÓN.-RENACIMIENTO.-Jan Van Eyck, 1441

“Anunciación”, de Jan van Eyck

– Muchas anunciaciones de la época y anteriores ya representaban, alegóricamente, a la Virgen María embarazada.

– Hay una iconografía clave alrededor de los personajes del cuadro que alude directamente a la maternidad (santa Margarita de Antioquia, patrona de los alumbramientos, tallada en el cabecera de la cama con su dragón clásico a los pies) o indirectamente a la fecundidad (las naranjas, y como en otros cuadros de Van Eyck, las cerezas de la ventana).

La mano de la señora Arnolfini se apoya protectoramente sobre el vientre, en un gesto típico de las embarazadas.

– Hay una larga tradición de pintura flamenca representando mujeres gestantes, reinas, nobles, vírgenes o santas. La gran mortandad de la época en los alumbramientos llevaba a muchas casas nobles a retratar a sus mujeres realmente embarazadas, no fuese a ser su último retrato.

En 1990 un investigador francés de la Sorbona, Jacques Paviot, descubre que el matrimonio de Giovanni Arnolfini se celebró trece años después de que fuese pintado el cuadro y seis años después de que muriese Jan van Eyck.

A partir de aquí se empieza a especular sobre quiénes son los protagonistas del retrato. Este dato, aunque no parece relevante, lo es para poder interpretar el significado de todos los símbolos que aparecen en el cuadro. Se ha barajado que pudiera ser un hermano del ya mencionado Giovanni di Arrigo, aunque tampoco parece probable.

La National Gallery de Londres sostiene la teoría de que el hombre que aparece en esta obra es un primo del ya referido anteriormente. Se trataría de Giovanni di Nicolao Arnolfini, mayor que sus primos, y que en 1426 se casó con Constanza Trenta, que provenía de una familia florentina principalísima. Sin embargo, la pobre murió en 1433… ¿Quién es la mujer del cuadro entonces? Hay quienes atribuyen el retrato femenino a una segunda esposa de la que no hay ninguna constancia, y como aquellos tampoco tuvieron hijos, se apunta a que la mujer no estaría embarazada sino que lo de su vientre es un simple pliegue del vestido.

Jan van Eyck

Jan van Eyck

Por fin, en 2003, Margaret L. Koster, experta en historia del arte medieval y renacentista construyó una nueva teoría, que a mi modo de ver podría ser la definitiva. No estamos ante la celebración de una boda ni ante un retrato familiar convencional: estamos ante una Anunciación, pero una Anunciación póstuma. El hombre retratado sería efectivamente Giovanni Nicolao Arnolfini pero su esposa retratada era realmente Constanza Trenta, aunque ella ya no vivía. Estaríamos ante un homenaje del esposo a su esposa muerta, seguramente de parto. Un homenaje y un recuerdo de la familia que nunca tuvo.

Varios hechos apoyan esta nueva hipótesis y la simbología del cuadro pasa a tener un significado completamente nuevo, y perfectamente encajable en el contexto histórico y cultural del momento. Van Eyck, como todos los pintores contemporáneos, pintaba siempre en su estudio. La escena del cuadro no representaría una habitación real, sino recreada bajo un aparente realismo, y llena de simbología en torno a la figura de Constanza:

– El gesto de la mano del esposo, más que un juramento parece una presentación.

Detalle del atuendo de la Sra. Arnolfini

Detalle del atuendo de la Sra. Arnolfini

– La ropa de ella, de una riqueza y brillo a la altura de su estatus pero impensable en una escena doméstica, donde las mujeres llevaban otro tipo de ropaje. Los colores no son casuales. El azul y el verde brillante, punto cromático central del cuadro, tenían un significado preciso para los expertos: fe y amor, respectivamente.

– El peinado y tocado de la esposa no corresponde con una novia virgen, era la imagen habitual de las mujeres ya casadas, como sería Constanza tras ocho años de matrimonio.

– La cama y una rica alfombra turca a los pies en una habitación principal, tal y como se colocaba en las casas importantes para que las parturientas pudiesen recibir visitas.

– La imagen de santa Margarita de Antioquia con su dragón tradicional, patrona de embarazadas y de los alumbramientos, tallada en el cabecero de la cama.

Detalle de la talla de Santa Margarita de Antioquia en el cabecero de la cama, con el dragón a sus pies.

Detalle de la talla de Santa Margarita de Antioquia en el cabecero de la cama, con el dragón a sus pies.

– Las naranjas de la ventana, aparecen en muchos cuadros de la época junto a vírgenes y serían símbolo de fertilidad.

Naranjas que simbolizan fertilidad

Naranjas que simbolizan fertilidad

– Las cerezas en el árbol que se ve por la ventana, pese a que los ropajes de los retratados son absolutamente invernales. Tradicionalmente era una de las frutas del paraíso, asociadas a Eva, la primera mujer, y también a la fertilidad del verano, nuevamente.

– Los protagonistas descalzos, lo que en la tradición de la época suponía pisar suelo sagrado.

– La figura monstruosa tallada en la silla tras las manos cruzadas de ellos, en lugar de los habituales leones, como un mal augurio.

Detalle de la talla sobre el brazo de la silla.

Detalle de la talla sobre el brazo de la silla.

El espejo, el famoso espejo que refleja la habitación, con diez escenas de la vida de Cristo. Las cuatro escenas de vida, tras Giovanni Nicolao, las cuatro escenas de muerte y resurrección tras Constanza. En el punto medio superior del espejo, la crucifixión.

Detalle del espejo, con las diez escenas evangélicas

Detalle del espejo, con las diez escenas evangélicas

– El candelabro con un solo cirio encendido, pese a ser de día. Una ampliación de la imagen muestra que en realidad había solo otro cirio más, consumido, tras Constanza.

Detalle del candelabro donde se aprecian restos de cera consumida en el brazo a la derecha del de la vela encendida

Detalle del candelabro donde se aprecian restos de cera consumida en el brazo a la derecha del de la vela encendida

– La ropa de Giovanni Nicolao. Aún faltaban muchos años para que en Flandes el hijo del duque contemporáneo a Arnolfini pusiese de moda el negro. Giovanni Nicolao viste un ropaje lujoso y solemne, terciopelo y remates de marta cibelina, en un color marrón, insólito para la alegre moda masculina del Flandes de su época. Es un hombre de luto.

– El perro entre ambos, mascota habitual de las señoras de su clase, y también figura habitual representada en las tumbas de las mismas.

El perro y los pies descalzos de Arnolfini

El perro y los pies descalzos de Arnolfini

Un estudio de las capas ocultas del cuadro con infrarrojos, determinó que todos los elementos que Van Eyck añadió sobre la marcha son los directamente relacionados con la maternidad, la fecundidad y las posibles alusiones a la muerte de Constanza, que hoy sabemos ya no vivía cuando se termina el cuadro.

Además, Giovanni Nicolao atravesó una época oscura en sus negocios los años posteriores a la obra de Van Eyck. No se le conoce ningún matrimonio posterior ni descendencia. No amasó la fortuna de su primo más joven, y abandonó la carrera comercial al pedir convertirse en burgués de pleno derecho, manteniendo en sus últimos años un estatus digno como juez entre la comunidad italiana de Brujas.

"Jan van Eyck estuvo aquí" 1434

“Jan van Eyck estuvo aquí” 1434

Por otro lado, tradicionalmente esta pintura tenía un marco con unos versos de Ovidio, cuya autoría se desconoce. “Mira lo que prometes: ¿qué sacrificio hay en tus promesas?
En promesas cualquiera puede ser rico”. Parece concordar con el motivo por el cual se pintó esta obra: el retratado fue un hombre rico e hizo una promesa de amor a su esposa, pero con todo su dinero no pudo evitar su muerte, que ocurrió probablemente dando a luz a su hijo. Una tragedia.

Así, el Matrimonio Arnolfini, sería una anunciación póstuma, donde el ángel es un comerciante viudo y la virgen su mujer embarazada, y fallecida. La humanidad en el centro y el misticismo de fondo. Y un espejo en el punto visual más importante de la composición que refleja cuatro personajes: los retratados, el pintor y otra persona misteriosa que contempla la escena: quizás tú mismo.

Puede que las piezas nunca acaben de encajar, pero yo me quedo con esta versión, sobre todo por la emoción que esta obra irradia pese a su aparente frialdad, capturando un instante y creando esa sensación en quien no contempla siglos después. Y por eso, para algunos, esta obra, trascendente y eterna, es un cuadro perfecto.

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