LA REINA CADAVER

Un amor prohibido, vivido en medio de guerras, intrigas y luchar de poder. La reina cadáver es el mito gallego más internacional con poemas, leyendas, novelas, obras teatrales y películas de cine de todas las nacionalidades. La narrativa que llega a nuestros días se basa en registros históricos, aunque algunos detalles pertenecen al campo de la leyenda, fruto de la imaginación popular y del talento de muchos artistas. Lo real y lo ficticio se han entremezclado en la vida e historia de Inés de Castro de tal manera que aún a estas alturas resulta difícil determinar qué hay de verdad y de falso en su leyenda.

Se dice que en el año 1.320 nació en la comarca gallega de A Limia una niña llamada Inés de Castro. Nadie podía imaginar que entraría en la historia, años más tarde, como la mujer que reinó después de muerta.

Hija natural (ilegítima) de Pedro Fernández de Castro y emparentada con la familia real castellana, quedó huérfana de madre siendo muy niña. Fue entonces cuando fue enviada a Valladolid, donde vivía su prima Constanza Manuel, hija del infante Don Juan Manuel. Allí sería su dama de compañía, siendo parte de la corte, ya que su prima estaba casadacon el rey Alfonso XI de Castilla. Cuando éste la repudió sin haber consumado el matrimonio, Constanza fue obligada a prometerse con Pedro, el entonces infante de Portugal. Así es como nombró a Inés su Primera Dama, para que pudiera acompañarla a Lisboa a desposarse con el heredero de la corona portuguesa.

Pedro e Inés

Pedro e Inés

Don Pedro era fuerte, dinámico y diligente, a la vez que iracundo y extremadamente vengativo. En lo relativo a sus relaciones amorosas y sexuales, se considera que fue preso de su lujuria y fruto de ello tuvo numerosos hijos con distintas mujeres. Inés era bellísima, de esbelto cuerpo, ojos claros y cuello de garza.

Así que ocurrió lo inevitable. En el momento de su llegada a la corte, se encendió una gran pasión entre Inés y Pedro. Pero el joven heredero, tras casarse con Constanza, decidió por un tiempo mantenerse al margen, entregándose a sus deberes conyugales. Hasta que el deseo fue incontrolable…

La relación de Constanza con su prima fue enfriándose, pues su esposo prefería la compañía de su amante que la de su esposa. Finalmente dio a luz a tres hijos, y en su tercer parto murió. Pedro de Portugal lloró a su esposa, guardó luto y después se dedicó a amar a Inés de Castro.

No consideró prudente desposarla, pero ella era, de facto, la esposa del príncipe. Inés y Pedro tuvieron varios hijos. Nueve años después de la muerte de Constanza, Pedro se casó por fin, pero en secreto y delante de algunos testigos de máxima confianza, con la que había sido durante tanto tiempo su amante, prometiéndole que haría pública su unión y la tendría a su lado como reina legítima de Portugal una vez que muriera su padre y él ascendiera al trono. Sin embargo, no quedan apenas pruebas de este matrimonio, que no se hizo público hasta después de la muerte de doña Inés.

In_s_de_Castro_asesinato_002_En 1355, el rey Alfonso IV “El Bravo”, padre de Pedro, fue persuadido por varios personajes influyentes, enemigos de la familia De Castro, de que era preciso disminuir las pretensiones de aquella casa poderosa (los Castro) que era temida tanto en Castilla como en Portugal. El rey prestó oídos a los conspiradores, quienes le dijeron que el medio más seguro era asesinar a Inés, quien terminaría por subir al trono de Portugal.

El monarca envió a aquellos hombres a Coímbra, donde Inés y sus hijos tenían su residencia, y aprovechando una ausencia de Pedro, la atacaron y apuñalaron delante de los pequeños, mientras ella se defendía valerosamente. La arrastraron del cabello hasta los jardines, y comenzaron a cortarle el cuello con sus cuchillos mientras ella se debatía entre la vida y la muerte, gritando y forcejeando. Finalmente, casi cercenaron la cabeza de Inés. Cuando Pedro regresó, se encontró con la terrible escena, enloqueció de dolor y juró vengarse. Guiado por el odio a su padre y a todos los implicados en el asesinato comenzó una guerra civil que no terminó hasta la muerte del Rey en 1357.

Pedro ascendió entonces al trono de Portugal. Lo primero que hizo fue buscar y capturar a los asesinos de Inés. Fueron torturados y ajusticiados despiadadamente (dicen que el rey se comió sus corazones recién arrancados). Después, ordenó exhumar el cadáver de Inés, se inclinó sobre el ataúd y besó los labios descarnados, y en un acto enfermizo, dio instrucciones de que vistieran el cadáver putrefacto con la ropa de gala que se utilizaba en la coronación real. La sentó en el trono de la reina, ubicado junto al suyo, y organizó una ceremonia donde la hizo coronar ante todos sus súbditos, que no daban crédito a lo que veían. El cuerpo podrido de Inés de Castro vestía de gala y el rey incluso se permitió el detalle de besar en los labios al cadáver.

ines_castro

“…obligó a los cortesanos a que rindieran pleitesía a la muerta”

Debido a que el hedor era insoportable, rodeó el cuerpo de Inés con numerosas vasijas llenas de incienso y perfumes exóticos. Por pudor, el rostro de la reina fue cubierto con un velo negro, pero esta tela no alcanzaba a ocultar las cuencas vacías, ni el rostro deforme y podrido del cadáver. Después obligó a los cortesanos a que rindieran pleitesía a la muerta, todos tenían que darle los honores debidos a una reina, entre ellos besar su mano. El cadáver permaneció allí por años, ante la mirada horrorizada y asqueada de sus hijos y súbditos.

Tras morir, Pedro de Portugal fue enterrado con los honores que le correspondían. Suntuosos fueron también los nuevos funerales que se hicieron a Inés. Ambos fueron enterrados en el monasterio de la Alcobaça, y los catafalcos se tocan los pies: el rey quiso que el día de su resurrección, al levantarse, la primera imagen que contemplara fuera la de Inés.

Catafalcos de los reyes

Catafalcos de los reyes

Esta es la historia que todos dan por exacta, sin embargo los documentos históricos desmienten muchos detalles de los aquí contados. Inés de Castro existió de verdad, pero en el siglo XV, la historia se tornó leyenda con Las Lusiadas (en portugués Os Lusíadas), una epopeya en verso escrita por Luís de Camões. Más tarde, en la España del siglo XVI, Jerónimo Bermúdez adornó el mito con tintes más tétricos, llegando a nuestros días tal y como lo hemos contado.

Poco se sabe de sus primeros años de vida, pero sí que era hija de una dama medio gallega medio portuguesa llamada Aldonza Lorenzo de Valladares, y de Pedro Fernández de Castro, “El de la Guerra”, uno de los gallegos más relevantes del siglo XIV. Tampoco se sabe dónde nació, pero sí que se crió en Alburquerque.

Inés de Castro (muerta en el trono) (001)En 1340 acompañó como aya a su prima Constanza Manuel a Portugal, que iba a desposarse con el príncipe Don Pedro. Este mantuvo relaciones paralelas con su mujer e Inés de Castro hasta que el rey mandó exiliar a la gallega a Alburquerque. Pero Constanza falleció tras parir al tercer hijo de ambos, así que en 1345 el príncipe trajo (¿raptó?) a Inés para casarse con ella en Bragança de forma clandestina. Después, fijaron su residencia Coímbra, donde tuvieron tres hijos hasta que el rey (el padre de Don Pedro) ordenó degollarla, lo que ocurrió el 7 de enero de 1355.

Tampoco es cierto que una vez muerto el rey (contra el que el Príncipe había iniciado una guerra civil) y subido Don Pedro al trono, éste entronizara el cadáver de Inés. Estas connotaciones tremendistas de la historia son obra de la literatura española, como ya se ha comentado.

Por otro lado, la imagen que tenemos hoy de Inés de Castro es como víctima de sus amores. Sin embargo, la imagen de doña Inés en el siglo XV era la contraria: la de una mujer mala, intrigante, desleal… La leyenda de la encantadora doña Inés fue creada por los literatos. El pueblo portugués no acogió con simpatía la unión adúltera de Pedro e Inés (eran primos). Detestaban a la amante que veían, quizás injustamente, como una mujer urdidora, que abusaba de su poder sobre el ánimo del príncipe, a quien hechizaría, arrastrándolo a cometer errores para conseguir sus ambiciones y objetivos. Quién sabe… quizá Inés fue un simple peón más en el juego político de la época.

¿Hubo tanto amor y pasión como nos han hecho creer? Me temo que no…

Hermana CASIOPEA

Hermana CASIOPEA

Anuncios