ERRORES DEL ESCRITOR NOVATO (Vol. I)

De verdad, en serio, sin bromas ni medias sonrisas de diablillos asomando por la comisura de nuestras fauces… lo juramos por la pilila del niño Jesús: nuestra misión última NO es destrozar las vidas, ni las ilusiones, ni robarles a su primogénito a los escritores noveles. Nuestra misión es dejar de leer bazofia. Así de claro.

Somos como unos barrenderos chungos, unos barrenderos que cuando ven a alguien tirar la basura fuera del cubo o a alguien que no recicla, pues lo cosemos a hostias. Figurativamente, claro. Nuestro objetivo como barrenderos es dejar el panorama limpio de mierda, concienciar a la población de que hay que ser más higiénicos.

Ahora traduzcamos toda esta chapa.

El ciclo del ególatra

Lo que más podemos encontrar en los grupos de Facebook dedicados a escritores desconocidos, principiantes, del género que sea – poesía, relatos, romance, etc- o índies, es: indiferencia hacia el trabajo de los demás.

Su única misión perteneciendo a ese sinfín de grupos es darse a conocer y obtener “me gusta” a mansalva.

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No va más allá, no nos esforcemos en buscar un objetivo diferente, repito, lo único que ellos quieren es que los leas. No leer, sino que los leas, a ellos, sólo a ellos, y de paso que les dejes tu opinión positiva o una puntuación alta. No te molestes en tratar de hablar de tu trabajo, eso no les importa un pijo.

De vez en cuando salta uno, el más listo de todos, y comenta que está indignado con la vida porque en esos grupos de escritores él se ha pasado medio día spameando su última obra maestra, obteniendo como resultado que lo bloqueen en algunos de los grupos más “chulis”, y no ve que nadie le dé ni un condenado “me gusta”, ¡nah’ de nah’! Vamos, que su trabajo de llenar timelines de Facebook a todo dios, mendigando con su libro en busca de una posible promesa en plan: “Me ha gustado la sinopsis, lo leeré”, se va por el desagüe porque, ¡Oh Cielos! ¡El resto de usuarios de ese grupo es igual que él!

¿Que no nos creeis? Aquí os dejamos algunos de los miles de ejemplos que podemos encontrar en tan solo un minuto de búsqueda en el grupo Escritores Noveles (6.491 miembros).

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Pues aquí, el listillo crea un debate abierto y descarnado donde todos le dan la razón y se prometen mutuamente cambiar y ser lo que los otros esperan que sea: un adorable consumidor y dulce lector. De hecho, en ese mismo instante, el que comenta, desgarrado por la cruel verdad que acaba de leer, se auto flagela dándole a su ruedita del mouse varios metros hacia abajo en esa misma página, y le da “me gusta” a las últimas veinte publicaciones. Para que no se diga, y tal.

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Parecería que han entrado en razón ¿verdad? Y que no van a volver a dejar pasar ni uno solo de los profundísimos poemas que se publiquen en los 2.000 grupos a los que pertenecen sin darle, no sólo un “me gusta” sino que incluso escribirán un reconfortante: “Genial”.

Pues ¡por los cojones!

Esa ilusión sólo dura unas dos horas hasta que el escritor novel vuelve a mirar las estadísticas de descarga de su bien amada novela (cosa que hace cada media hora, aunque ha estado distraído dando “me gusta” a los de su calaña y se ha despistao) y ve que no se ha comido un mojón en las últimas diez décadas. Y vuelta a empezar.

Este es El ciclo del ególatra, señoras y señores.

Ahí es donde aparecemos en escena nosotros, Los Insolentes, hijos de un chacal con lombrices.

Sí, adorables míos, era necesario este infumable sermón para que entendieseis que es vuestra culpa que existamos. Nos habéis creado vosotros, somos como Eva, salida del ‘costillote’ de Adán, o como la Venus que surgió de  la espuma del mar formada por el semen de Urano.

Y… ¡qué coño!, también porque nos gusta mucho un escarnio. Hay algo de sadismo en nosotros, tampoco os vamos a mentir.

Pues como somos cojonudos no, lo siguiente, os vamos a mostrar algunos de los errores más comunes que cometen aquellos que comienzan en el multitudinario mundo del escritor auto publicado a base de talonario o a base de no ver ni un duro por lo que hace. Cosecha propia, de la casa, porque deseamos no ver más estos fallos en nuestra vida y porque, como comentábamos al principio, nuestra misión es encontrar un mirlo blanco, hasta ahora no hay ni rastro de él, lo cual significa que:

  1. Los autores están cometiendo cientos de fallos que se pueden evitar.
  2. Hay mucha gente que no sabe escribir pero aún así sueña con ser Doris Lessing.
  3. El ego de un escritor novel es del tamaño del Empire State, lo que le impide darse cuenta de los dos puntos anteriores.

Errores de bulto

Argumentos repetidos como el ajo: hemos leído cien historias que salen directamente de otra que ha triunfado en su momento: Crepúsculo, Harry Potter, Cincuenta Sombras… lo peor es que los autores no lo niegan sino que se enorgullecen. Admiten que se inspiraron en otras historias para crear las suyas, y  no sólo parecen idénticas sino que las empeoran considerablemente. ¡Error de bulto! Puedes imitar un estilo pero no un argumento. Diferenciarse y ser original es clave para pasar nuestros exámenes, pero ¡ojo! Si apruebas el resto de puntos, quizás pasemos por alto este fallo, ya que si mejoras las historias que estás plagiando… habría que aplaudirte. No todo está perdido.

Ortografía pésima: éste quizás es el peor con diferencia. Sencillamente un escritor con faltas de ortografía es como un dentista con caries. No puede ser, es una aberración contra el lector y contra el arte de escribir. Hasta que no puedas asegurar una lectura sencilla de entender, o rica en proteína léxica, retírate al Himalaya o a un monasterio en el Tíbet, tú mismo.

Personajes vacíos: Cuando varios personajes parecen el mismo…¡Error! Haz una lista de personajes al comienzo de tus escritos y añade a cada uno de ellos una característica única y por la cual tus lectores siempre los reconozcan a medida que leen. La individualidad es un éxito y no hay nada peor que encontrar personajes insulsos.

Aventurarse a creer que lo que ellos han hecho es sencillamente ¡lo mejor que existe!: las réplicas de los autores una vez y han leído la crítica demuestran que les falta profesionalidad y autocrítica. No han sabido dedicar tiempo a su trabajo y han jugado con el nuestro y con el de decenas o cientos de lectores más. Sencillamente, la humildad y la capacidad de aceptación y mejora te abrirán muchos caminos.

Conversaciones “Barriosesamales: Me encantan los diálogos. Se llega a saber tanto del autor a través de los diálogos… Cuando encontramos diálogos repetitivos, sin sal, sin gracia, casi sacados de una conversación entre niños de cinco años, sencillamente nos sangran los ojos. Más Tarantino o Polanski, y menos Barrio Sésamo, por favor.

Párrafos que parecen una orgía de lombrices: Si no sabes describir algo, es mejor que no lo hagas a que termines haciendo un ridículo espantoso, usando términos que ni tú conoces y liando al lector. No despistes, es mejor ser claro, usar un lenguaje sencillo y dejar para aquellos que son experimentados filólogos, las descripciones típicas de Tolkien. Tus lectores te lo agradecerán. No todo el mundo desea encontrar (ni está preparado para entender) ese tipo de batiburrillos mientras lee. Ni tú serás mejor escritor, ni tu novela será mejor que otra que ha usado un lenguaje de “a pie”. Menos es más.

Monotema: esto ocurre sobre todo en las novelas románticas, donde el romance es lo único que ocurre y los únicos personajes que existen son los protagonistas. Los demás son meros observadores y comentaristas insípidos del argumento principal. Ella se reúne con sus amigos y a estos sólo les importa su relación con el protagonista. Ellos no tienen vida. Todo gira en torno a la pareja principal. Esto es tedioso, anodino, molesto, ridículo y hasta ofensivo. Ofende a mi inteligencia y dice mucho de la inteligencia de quien escribe.

Estos son tan sólo algunos de los errores más evidentes que hemos ido encontrando a medida que hemos avanzado en el espinoso camino de la crítica. Habrá más tips según vayamos encontrando otros nuevos así que ¡ATENTOS!

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