BABY FARMING (I). Las granjas de niños

Miseria y pobreza en la era victoriana

Para los más románticos, o incluso góticos, la era victoriana en Inglaterra (más o menos coincidente con el reinado de la reina Victoria I, entre 1837 y 1901) resulta muy atractiva para hacer volar la imaginación… Pero no es menos cierto que fueron años oscuros, en los que la vida humana apenas carecía de valor y lo único que parecía importar era sobrevivir a costa de lo que fuera. Ya tenemos en nuestro archivo varios documentos que reflejan la crueldad y el desapego imperantes en aquellos tiempos, como la saga de Jack el Destripador o la leyenda de Sweeney Todd, pero creo que la estremecedora historia que os voy a contar supera con creces aquéllas.

Existen dos grandes hitos que, durante este periodo en Reino Unido, provocaron significativos cambios a nivel social, económico y tecnológico que consolidaron al país como la primera potencia de su época: el enorme desarrollo económico producto de la llamada Revolución Industrial; y la expansión del Imperio colonial británico. Entre los citados cambios sociales, quizá uno de los más importantes fue la incorporación de la mujer al mundo laboral, en condiciones infrahumanas y con un alto nivel de pobreza. La miseria, la prostitución o la servidumbre eran, en muchas ocasiones, la forma de sobrevivir para ellas. Sin embargo, por otro lado la alta sociedad victoriana se seguía rigiendo por los principios puritanos: vida discreta y ordenada, austeridad económica, metodismo religioso y conservadurismo político.

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Oliver Twist, de Dickens, el mejor reflejo de la vida en las Workhuoses

Es lógico pensar que, en estas circunstancias, un hijo fuera del matrimonio (y más si se era pobre) era un estigma que marcaría a madre e hijo durante toda la vida. La Ley de Pobres de 1834, prohibió a las madres solteras pobres recibir alimentos, dinero o ropa de la caridad, a no ser que se dejaran recluir en las Workhouses, hospicios destinados a acoger a personas con graves problemas pero cuyas condiciones eran más duras que afuera. No es sorprendente pues, que muchas de estas mujeres optaran por colocar a sus hijos en otro sitio para poder seguir trabajando fuera de aquellos lugares.

Algunas madres optaron por la vía más rápida y económica: el abandono o el asesinato de sus bebés. De hecho, la primera persona ajusticiada en el siglo XX en Inglaterra fue Louise Josephine Masset por asesinar a su hijo.

Por otro lado, tradicionalmente era habitual que los niños de clase baja y media fueran criados por “nurses” o nodrizas lejos de la ciudad por cuestiones de salud (Londres, debido a la contaminación y al hacinamiento, era un foco de infecciones y enfermedades). La mismísima Jane Austen, de origen humilde, vivió sus primeros años en el hogar del pueblo de su nurse. Una casa en el campo era generalmente considerada como saludable para los niños muy pequeños. Este sistema venía funcionando bien, la madre era liberada de la crianza para seguir con su vida y la nurse cobraba un dinero sin salir de su hogar. Además, una nurse podía tener varios niños a su cuidado para aumentar sus ingresos.

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Matrimonio sin hijos adoptaría un niño sano, en una agradable casa de campo….

Pero, a partir de mediados del siglo XIX, la industrialización y el estancamiento de los salarios contribuyeron a crear un tipo diferente de acogimiento. A partir de este período, los anuncios en busca de los niños para criar o “adoptar”, así como anuncios en busca de un lugar para los recién nacidos, proliferaron. Habían nacido las Baby Farms (granjas de bebés). Era una especie de institución, regida por particulares, donde los hijos nacidos fuera del matrimonio, de madres solteras o de prostitutas podían ser colocados. Sin ningún tipo de preguntas, las mujeres en estas situaciones podían entregar a sus bebés en acogida a estos negocios por una cantidad periódica (unos 5 chelines al mes) y poder recuperarlos en el futuro, o hacer un único pago (unas 10 libras) para que los “granjeros” los diesen en adopción (término que se usaba para justificar estas prácticas, que distaban mucho del concepto que tenemos hoy en día de ello). Las adopciones se ofertaban mediante anuncios en los periódicos y en un trámite muy rápido los mediadores colocaban a los niños y volvían a cobrar de los padres adoptivos. Un negocio en toda regla.

Bebé famélico, rescatado de una baby farm.

Bebé famélico, rescatado de una baby farm.

Los peligros de este sistema eran obvios, pero una mujer joven con un hijo ilegítimo solía estar desesperada por colocar al niño y volver a trabajar. Los recién nacidos fueron enviados con frecuencia lejos de sus madres tan pronto como las madres se recuperaban del parto. Estos niños no obtenían los beneficios de la lactancia materna: se les suministraba leche de vaca y agua azucarada, e incluso otros líquidos poco idóneos. Dietas pobres que sin duda contribuyeron a aumentar la tasa de mortalidad en los recién nacidos acogidos por estas nurses.

A veces, el pago semanal simplemente no era suficiente para alimentar bien al niño. Los bebés que sobrevivieron se vieron debilitados por la desnutrición y por lo tanto, morían más fácilmente si cogían el sarampión, la viruela, o cualquiera de las enfermedades comunes de la infancia. Incluso cuando los baby farmers eran bienintencionados, estos niños tenían pocas posibilidades de vivir hasta la edad adulta.

Pero no todas las nurses eran bondadosas… Algunas simplemente permitían que los infantes bajo su cuidado murieran por su abandono: matarlos de hambre o darles de comer lo menos posible para ahorrar en gastos, era algo muy habitual. Otras acogían bebés con la intención expresa de asesinarlos una vez se efectuaba el pago. Los casos más famosos son los de Margaret Waters y Amelia Dyer.

Continuará…

Hermana CASIOPEA

Hermana CASIOPEA

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