SI HE DE MORIR QUE SEA EN GLASTONBURY.

Pues sí. Si en algún momento dejaran elegir a un loco de la música dónde le gustaría pasar sus últimos tres días de vida, probablemente dijera que en el Glastonbury Festival of Contemporary Performing Arts. Glastonbury a secas para los amigos. Locura total de cartel todos los años, no te da la vida para verlo todo, y no sólo los conciertos, que ya son de infarto. Es que además hay espectáculos de danza, comedia, circo, teatro, cabaret y otras artes. Y mucha mucha locura.

El organizador del festival, un tal Michael Eavis, es un ex-hippy que tenía unos terrenillos en Pilton, Somerset y después de ver un concierto al aire libre de Led Zeppelin allá en el año 1970 pensó: ¿y por qué no hacerlo yo en mi casa? Y la lió. Desde aquella primera edición en 1970 a la que asistieron 1.500 personas hasta las últimas ediciones, en las que se vendieron unas 135.000 entradas en las primeras horas a la venta, han pasado 46 años en los que el festival no ha parado de crecer y cuya historia ha corrido paralela a la historia de Inglaterra.

El evento comenzó al calor de la época de los primeros 70, All you need is love en su máximo esplendor y con la premisa de organizar un evento gratuito o casi (el precio simbólico de su segunda edición, en la que tocó un apenas famoso David Bowie, fue de 1 £). El emplazamiento arrastra una serie de leyendas y tradiciones espirituales, lo cual hizo que fuera un sitio de interés para los adeptos a la Nueva Era, junto con el también mítico Stonehenge. Según algunos de los mitos, se supone que José de Arimatea fundó allí la primera iglesia de la cristiandad en las Islas Británicas, que debía servir para albergar el Santo Grial. Otras de las leyendas lo identifican con el mítico Avalon de las leyendas artúricas. Sea como sea, el festival conserva la tradición medieval de conformar una feria para las diversas artes escénicas.

En la década de los 70 sólo se celebraron cuatro ediciones, una de ellas totalmente desastrosa en 1978, cuando se produjeron disturbios entre los seguidores de la Nueva Era y la policía en Stonhenge y Eavis les dio refugio en sus tierras. A partir de entonces, y durante muchas ediciones del festival, la entrada siguió siendo gratuita para los adeptos a dicha filosofía. Musicalmente hablando, fueron sonados los conciertos de T-Rex (1970), David Bowie (1971) y Peter Gabriel (1979).

La década de los 80 vio cómo el festival crecía de manera exponencial, con grandes artistas protagonizando míticas actuaciones en el Escenario Pirámide. A nivel social, se vio afectado por las políticas restrictivas y el Thacherismo, que trajeron consigo protestas en directo de los artistas más comprometidos y charlas de intelectuales y políticos afines a la izquierda. El ideario del organizador del festival ha sido determinante en el rumbo del evento a lo largo de los años: patrocinio de Greenpeace y Oxfam, espacio para el intercambio de ideas y voluntariado en la organización y servicios. Además, aun teniendo en cuenta las peleas continuas con el ayuntamiento de la localidad y la disputa por las licencias, Eavis ha intentado siempre que los beneficios revirtieran en los vecinos de la región, empleando mano de obra local para el montaje y mantenimiento de los servicios.

En cuanto a la música, los maravillosos 80 trajeron de la mano grandes actuaciones de grupos míticos, como el concierto que ofrecieron The Smiths en 1984, Echo & The Bunnymen y The Style Council en 1985, The Cure en 1986 o el gran Elvis Costello y los recién formados New Order en 1987. Casi nada.

Y cambiamos de década. Los años 90 alumbraron el glorioso Brit Pop, y para los que pasamos nuestra adolescencia escuchando a aquellos grupos se nos empieza a hacer la boca agua. La Factory de Manchester perdió el cetro de la música británica a favor de unos adolescentes granujientos con mucho desparpajo y sin pelos en la lengua. Allá vamos: Blur, Primal Scream, Oasis, Pulp (que sustituyeron en el último momento a los grandísimos The Stone Roses en un golpe de suerte del destino y ofrecieron un concierto mítico), Elastica y por supuesto el guapérrimo Bret Anderson y sus elegantes Suede.

¿Muertos ya de envidia? Pues no queda ahí la cosa. También pasaron por sus escenarios todos aquellos que no formaron parte del Brit Pop ni falta que les hacía. Björk, Jeff Buckley, The Prodigy, The Smashing Pumpkins, Neil Young, el trágico Jeff Buckley, PJ Harvey, The Velvet Underground, Johnny Cash… y Radiohead. Radiohead. Mil veces Radiohead.

A partir de 1990 el festival creció hasta límites que ya hicieron pensar seriamente en la seguridad. La edición de 1991 no se celebró debido a la llamada Batalla del Puente Yeoman del año anterior entre los guardias de seguridad y los viajeros de la Nueva Era. Fue el último año que se les permitió la entrada sin costo. En 1992, con un festival repensado y ampliado, comenzó la pelea del gato y el ratón: yo te refuerzo las vallas de seguridad, y yo invento nuevas formas de colarme en el recinto. La seguridad se convirtió en un tour de force hasta que ocurrieron los trágicos sucesos de Roskilde en junio de 2000, cuando una avalancha durante el concierto de Pearl Jam provocó la muerte a nueve personas. La edición de ese año de Glastonbury cifró la asistencia en 250.000 personas, sólo 100.000 de las cuales habían comprado su entrada. Ello provocó la suspensión de la edición siguiente para repensar el festival.

En lo que llevamos de siglo XXI, Glastonbury ha reducido su aforo hasta niveles soportables gracias a la construcción de la llamada superfence, una especie de muro de contención, revirtiendo esto en una mayor comodidad para los asistentes y una reducción de los niveles de delincuencia dentro del recinto, que ya se salía todo un poco de madre.

Con la moda de los festivales por doquier, comprar la entrada en los últimos años se ha convertido en una proeza, ya que se agotan en las primeras 24 horas a la venta sin haber anunciado ni siquiera el cartel. La gente se casa allí, celebra eventos de todo tipo, se lo pasa pipa y sigue viendo conciertazos tremendos. Los más de 13 escenarios del recinto han visto pasar por allí en este siglo artistas de la talla de Coldplay, Paul McCartney, The killers, Arctic Monkeys, de nuevo Bowie y Radiohead, Amy Winehouse, Neil Diamond, Kings of Leon y prácticamente todos los que pasan por los festivales del resto del mundo.

Para saberlo todo, una recomendación: el documental de Julien Temple sobre la historia del festi.

En fin, que yo no he estado nunca… pero que tiene que ser lo más.

Como es habitual, y como regalito, os dejo aquí mi playlist del festival:

ENLACE A PLAYLIST.

 

Por:
Elisa Fragua.

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