STÄDEL MUSEUM (Frankfurt) Una visita elegante.

¿Eres una de esas personas que cuando va a un museo tiene el móvil preparado y saca fotos de los cuadros? Pues estás de enhorabuena: en contra de lo que pueda parecer y de la opiniones de esos sesudos eruditos que se ríen de ti por paleto, está demostrado que la mejor manera de integrar el conocimiento que está colgado en esas paredes es interactuar con él. Saca fotos, toca lo que se pueda, olisquea, sáltate el orden establecido y juega. Los toros se ven mejor desde la barrera, así que utiliza esos bancos que ponen en medio de las salas y siéntate a descansar y observar. No hace falta leerse todos los carteles ni meter la cabeza en las narices del pobre retrato que, agobiado por la impertinencia de los visitantes, pone hasta cara de miedo. Y sobre todo, no hace falta cruzarse por delante de los demás visitantes e impedirles sistemáticamente la visión de cada una de las obras. Relax. A un museo va uno a disfrutar, no a hacer un maratón de cultura.

Con esta premisa, visito uno de los museos más importantes de Alemania, el Instituto Städel en Frankfurt. El museo alberga una impresionante colección de arte de diferentes épocas, desde principios del siglo XIV hasta la actualidad. Y como hemos dicho antes y lo importante es disfrutar, decido saltarme la parte más clásica (que no es moco de pavo, por cierto: Botticelli, Bellini, van Eyck, El Bosco, Rembrandt, Vermeer, ahí es nada) e ir directamente a la chicha que a mí me pone. Después de darme una vuelta por las salas más ortodoxas y saludar a los impresionistas franceses, surrealistas y cubistas tiro hacia donde están esos que no entiende uno mucho pero que molan, y ahí saco la cámara y me lo empiezo a pasar pipa.

Estos son algunos ejemplos de lo más jugoso de mi excursión (sin orden ni concierto):

Wolf Volstell, Flower power (1968): el cuadro está relacionado con Allen Ginsberg, que acuñó el eslogan “haz el amor y no la guerra” en los años 60, y plasma el contraste entre la filosofía pacifista hippy y la brutalidad de la guerra de Vietnam, que se cobró más de tres millones de vidas.

Como curiosidad: este buen señor vino a España en 1952 para estudiar los cuadros de Zurbarán, conoció a una extremeña, se casó con ella y de todo aquello salió la fundación del Museo Volstell Malpartida en Cáceres. 

Francis Bacon, Estudio para la enfermera en el film El acorazado Potemkin: el pintor sacó la imagen de una escena de El acorazado Potemkin, de Sergei Eisenstein, una película sobre el ataque a civiles en Odessa en 1905.

El ataque desencadena este grito, pero Bacon omite los elementos narrativos y aísla la figura para obtener una metáfora del dolor. El cuadro está protegido por un cristal que devuelve al observador su propia imagen sobre la imagen de la mujer, a la vez que pone distancia entre aquél y el grito existencial (esta frase obviamente no es mía, sino del cartel que explica el cuadro). También Bacon está relacionado con nuestro querido terruño: en 2015 fueron robadas tres de sus obras en Madrid, de casa de uno de sus amigos y herederos, y la trama no fue resuelta hasta hace bien poco 

Sigmar Polke, Sin título (rotación), 1979

En muchas de sus obras Polke intenta denunciar la manipulación a la que estamos sometidos por los medios de comunicación y tienen un trasfondo político y social con ironía, sarcasmo y un puntito de mala leche. Se caracteriza por utilizar materiales no habituales como detergentes, fibras sintéticas y otros apaños. 

Anselm Kiefer, Kunersdorf 1969/1988

Anselm Kiefer, Die Argonauten 

Anselm Kiefer, Wege der Weltweisheit

Kiefer fue alumno de Joseph Beuys (otro personaje que tiene miga, tremendas sus instalaciones de fieltro que insonorizan la habitación y meten al visitante en una campana sonora de lo más agobiante).

En sus obras indaga en la historia y la mitología alemanas, utilizando materiales muy diversos que mezcla con pintura convencional. En Kunersdorf, por ejemplo, la figura del hombre asoma por una grieta en una plancha de plomo que cubre casi todo el cuadro, dando la sensación de un tremendo aislamiento y soledad.

Otto Muehl, Materialaktion Nr.19: fotos de una de sus performances de bodybuilding, súper impactantes.

Thomas Struth: su serie dedicada a los museos, en la que saca las obras junto con sus visitantes. Es estupendo observar a las personas que a su vez están concentradas observando los cuadros, sus posturas, gestos y el abandono que capta el fotógrafo de gente que no es consciente de que les están observando.

Andreas Gursky: su serie sobre dobles y fotografía digital sobre el capitalismo, montando un montón de imágenes sobre una sola foto.

Por: Chungui Ta.

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